Un extraño ruido detectado por el GEO 600 podría probar que vivimos en un holograma
El detector de Hanóver quizá se haya topado con el límite fundamental del espacio-tiempo
En 2006, Tendencias21 publicaba un artículo en el que se aunciaba la puesta en marcha del GEO 600 de Hanóver, en Alemania, un detector de ondas gravitacionales
que se creía podía revolucionar la astronomía. La misión del GEO 600
consistía en detectar de manera directa lo que nunca antes había sido
detectado: las elusivas ondas gravitacionales, que son ondulaciones del
espacio-tiempo producidas por un cuerpo masivo acelerado –como un
agujero negro o una estrella de neutrones- y que se transmiten a la
velocidad de la luz. Estas ondas gravitacionales fueron predichas por
la Teoría de la Relatividad de Einstein, pero en realidad sólo se han podido recoger evidencias indirectas de ellas.
Tampoco el GEO600, en sus años de funcionamiento, ha conseguido
detectar de forma directa las ondas gravitacionales pero, según publicó
recientemente la revista Newscientist quizá, casualmente, se haya topado con el más importante descubrimiento de la física en los últimos 50 años.
Gigantesco holograma cósmico
Un extraño ruido detectado por el GEO600 trajo de cabeza a los
investigadores que trabajan en él, hasta que un físico llamado Craig
Hogan, director del Fermi National Accelerator Laboratory (Fermilab),
de Estados Unidos, afirmó que el GEO600 se había tropezado con el
límite fundamental del espacio-tiempo, es decir, el punto en el que el
espacio-tiempo deja de comportarse como el suave continuo descrito por
Einstein para disolverse en “granos” (más o menos de la misma forma que
una imagen fotográfica puede verse granulada cuanto más de cerca la
observamos).
Según Hogan, “parece como si el GEO600
hubiese sido golpeado por las microscópicas convulsiones cuánticas del
espacio-tiempo”. El físico afirma que si esto es cierto, entonces se
habría encontrado la evidencia necesaria para afirmar que vivimos en un
gigantesco holograma cósmico.
La teoría de que vivimos en un
holograma se deriva de la comprensión de la naturaleza de los agujeros
negros y, aunque pueda parecer una teoría absurda, tiene una base
teórica bastante firme.
Los hologramas de las tarjetas de
crédito y billetes están impresos en películas de plástico
bidimensionales. Cuando la luz rebota en ellos, recrea la apariencia de
una imagen tridimensional. En la década de 1990, el físico Leonard Susskind y el premio Nobel Gerard ‘t Hooft sugirieron que el mismo principio podría aplicarse a todo el universo.
Unidades de información
Según esta teoría, nuestra experiencia cotidiana podría ser una
proyección holográfica de procesos físicos que tienen lugar en una
lejana superficie bidimensional. Desde hace algún tiempo, los físicos
han mantenido que los efectos cuánticos podrían provocar que el
continuo espacio-tiempo convulsionara descontroladamente a escalas muy
pequeñas. A estas escalas, la red espacio-temporal podría granularse, y
estar compuesta de diminutas unidades (similares a los píxeles) de un
tamaño de aproximadamente cien trillones de veces el tamaño del protón.
Si el ruido captado por el GEO600 ha
registrado estas hipotéticas convulsiones, según Hogan, la descripción
del espacio-tiempo cambiaría radicalmente. Eso supondría considerar el
espacio-tiempo como un holograma granulado, y describirlo como una
esfera cuya superficie exterior estaría cubierta por unidades del
tamaño de la longitud de Planck (distancia o escala de longitud por
debajo de la cual se espera que el espacio deje de tener una geometría
clásica).
Cada una de estas “piezas” del mosaico
universal sería, asimismo, una unidad de información. Y, según el
principio holográfico, la cantidad total de información que cubre el
exterior de dicha esfera habría de coincidir con el número de unidades
de información contenidas en el volumen del universo.
Detección posible o error de fondo
Teniendo en cuenta que el volumen del universo esférico sería mucho
mayor que el volumen de la superficie exterior, este galimatías se
complica aún más. Pero Hogan también señala una solución para este
punto: si ha de haber el mismo número de unidades de información o bits
dentro del universo que en sus bordes, los bits interiores han de ser
mayores que la longitud de Planck. “Dicho de otra forma, el universo
holográfico sería borroso”, explica el físico.
La longitud de Planck ha resultado demasiado pequeña para ser detectada
hasta la fecha, pero Hogan afirma que el GEO600 ha podido registrarla
porque la “proyección” holográfica de la granulosidad podría ser mucho
mayor, de alrededor de entre 10 y 16 metros.
Lo que ha detectado el GEO600, en
definitiva, podría ser la borrosidad holográfica del espacio-tiempo,
desde el interior de este universo holográfico. Cierto es que aún está
por demostrar que el extraño ruido captado, de frecuencias entre los
300 y 1.500 hertzios, no proceda de cualquier otra fuente, reconoce
Hogan.
Esta posibilidad también ha de
considerarse, dada la sensibilidad del detector para captar desde el
ruido del paso de las nubes hasta el de los movimientos sísmicos
terrestres. De hecho, los investigadores del detector se afanan
continuamente en “borrar” ruidos de fondo detectados por el GEO600,
para poder definir lo importante.
Nuevas pruebas
De cualquier manera, si el GEO600 hubiera descubierto el ruido
holográfico procedente de las convulsiones cuánticas del
espacio-tiempo, entonces ese ruido obstaculizaría los de detectar las
ondas gravitacionales. Sin embargo, por otro lado, el hallazgo podría
suponer un descubrimiento incluso más fundamental, sin precedentes en
la historia de la física.
Según publicó
recientemente la web del GEO600, para probar la teoría del ruido
holográfico, la sensibilidad máxima del detector ha sido modificada
hacia frecuencias incluso más altas.
Los científicos consideran que el
GEO600 es el único experimento del mundo capaz de probar esta
controvertida teoría, al menos en la actualidad.

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