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“Tudo o que aqui se ensina é provisório”

Todo lo que aquí se enseña es provisional

Dra. María Novo inauguró el I Ciclo Complejidad y Modelo Pedagógico

Madrid, 28 abril. Una de las consecuencias de la complejidad es que todo conocimiento pasa a ser provisional e inacabado, por lo que un letrero diciendo “todo lo que aquí se enseña es provisional” debería ser colocado sobre la puerta de cualquier aula, según la Dra. de la UNED, María Novo, que el pasado viernes inauguró en Madrid el I Ciclo Complejidad y Modelo Pedagógico.

María Novo pronunció la primera conferencia magistral del ciclo, dedicada a la explicación del origen y actualidad del concepto de la complejidad, primer paso para profundizar en sus implicaciones en el modelo educativo.

Alicia Montesdeoca presentó la sesión con unas palabras alusivas a la necesidad de un cambio en el modelo pedagógico basado en los nuevos conocimientos científicos, al mismo tiempo que la actriz Yolanda Ulloa leía un texto original de Lina Rodríguez sobre el hecho educativo.

Complejidad y conocimientos científicos

María Novo explicó que la complejidad es el resultado de los avances que se han producido en el conocimiento a partir de comienzos del siglo XX, que provocan importantes cambios en los modos de pensamiento heredados de la modernidad y del período industrial.

Estos modos de pensamiento se basan en una concepción lineal de la historia, en el raciocinio y la experimentación como base del conocimiento y en la separación del sujeto respecto a su entorno y los demás, como fundamento de las relaciones interpersonales, sociales, económicas y medioambientales.

Este modo de pensar está evolucionando hacia nuevas formas de pensamiento basadas en una concepción compleja de la historia, que contempla otras fuentes de conocimiento basados en los sentimientos y la intuición como elementos fundamentales para la adopción de decisiones y el mejor funcionamiento de los mecanismos sociales y psicológicos, según María Novo.

Relatividad y física cuántica

Los conocimientos que se derivan especialmente de las ciencias físicas, desde la relatividad a la física cuántica, proponen otra concepción del mundo en la que el sujeto vuelve a ser protagonista de la historia en cuanto no puede haber objeto conocido sin sujeto cognoscente, en la que el determinismo deja paso a la incertidumbre (o indeterminación de Heisenberg), en la que el conocimiento deja de ser cerrado para permanecer eternamente abierto y en evolución.

Este nuevo modo de pensar, que se viene gestando en los últimos cien años, apenas se manifiesta todavía en la sociedad, que permanece dormida sobre modos de pensamiento que han quedado anticuados. Este desfase explica en gran parte la crisis medioambiental que padece nuestra sociedad, según María Novo, así como la crisis económica.

Para concluir su exposición, en la que explicó las características básicas del nuevo paradigma de la complejidad, todavía en construcción, María Novo propone intensificar la difusión de estos conocimientos y la reflexión compartida sobre sus implicaciones, siempre desde el marco del respeto y teniendo en cuenta que los nuevos conocimientos no anulan los anteriores, sino que los incluyen y los circunscriben a los ámbitos en los que demuestran su aplicabilidad y eficacia, en la resolución de problemas concretos.

COMPLEJIDAD Y MODELO PEDAGÓGICO.

La física cuántica arroja una nueva visión de los procesos sociales

La física cuántica arroja una nueva visión de los procesos sociales
El infinito mundo de posibilidades de las partículas elementales es la base de la libertad humana

El conocimiento es fruto de la experiencia social, pero nunca se es consciente de todos los acontecimientos simultáneos porque la percepción actúa a modo de barrera. Con la física cuántica, sin embargo, empezamos a entender que la realidad que observamos no tiene fronteras. Sólo existen probabilidades que propician la construcción de nuevas realidades, que se concretan según la voluntad del actor, el cual actúa como “atractor extraño” de dichas posibilidades. Sin embargo, las valoraciones sociales actuales no dejan de responder a la ilusión de que estamos viviendo un progreso lineal. Como consecuencia, se adopta una concepción determinista y trágica del ser humano y de sus funciones sociales. Luego nos sorprendemos de “la desidia y del conformismo existentes”. Por Alicia Montesdeoca.

Bruce Sterling: Schismatrix
La unidad social no viene dada por la homogeneización del pensamiento, sino por aquella expresión colectiva que permite que el conocimiento alcanzado sea fruto de la experiencia común, en la que cada sujeto es protagonista y aporta, con sus vivencias, un matiz diferente, con lo que se obtiene una intensidad mayor del color del producto social logrado.

La pregunta permanente se abre paso a través de las mentes y, en su desarrollo, trata de buscar explicaciones para comprender y a la vez explicar. Este proceso, que es colectivo, siempre, en algún momento, encuentra una forma de salir a la superficie. El vehículo puede ser un individuo o un grupo. En ambos casos, estarán vinculados a la realidad que se conceptúan, y que se sintetizan, y, por lo tanto, son recolectores de los frutos que han sido cultivados en el campo de la mente social.

El conocimiento es, pues, un producto fruto de la experiencia, gestada y nutrida por todos, aunque no se tenga conciencia de ello, porque, aunque lo pretendamos, nunca se es consciente de todos los acontecimientos simultáneos en los que estamos involucrados. En este contexto, también, hemos de enunciar aspectos que ayuden a encontrar una comprensión mayor, para acabar con la percepción falsa de límites, separaciones, divisiones o fronteras.

Llegar a comprender la verdadera naturaleza del ser humano y de su entorno supone adentrarnos, a través de la maraña densa que la historia, interpretada por la ciencia, la filosofía y las religiones, ha construido sobre aquella.

Ken Wilber, en la introducción a su obra “La conciencia sin fronteras” dice: “Es como si nuestra percepción habitual de la realidad no fuera más que una isla insignificante, rodeada por un vasto océano de conciencia, insospechado y sin cartografiar, cuyas olas se estrellan continuamente contra los arrecifes que ha erigido a modo de barreras nuestra percepción cotidiana” .

Fronteras

Este autor parte del principio de que existe una unidad de conciencia o identidad suprema, la cual constituye la naturaleza y condición de todos los seres sensibles, pero, paulatinamente, vamos limitando nuestro mundo y nos apartamos de nuestra verdadera naturaleza al establecer fronteras.

“Efectuamos, dice, una división artificial en comportamientos de lo que percibimos: sujeto frente a objeto, vida frente a muerte, mente y cuerpo, dentro y fuera, razón e instinto, y así recurrimos a un divorcio causante de que unas experiencias interfieran con otras y exista un enfrentamiento entre distintos aspectos de la vida”.

La importancia de esta forma bipolar de divisiones que establecen líneas de conocimiento, “es que siempre tendemos a tratar la demarcación como si fuera real, y después manipulamos los opuestos así creados. Aparentemente, jamás cuestionamos la existencia de la demarcación como tal. Y como creemos que ésta es real, imaginamos tercamente que los opuestos son irreconciliables, algo que está para siempre separado y aparte”.

Visión cuántica de la sociedad

Con la física cuántica, sin embargo, empezamos a entender que la realidad que observamos ni está dividida, ni es previsible. El universo visto desde la física subatómica no tiene fronteras, ni se puede medir con exactitud cómo va a conducirse.

Así se descubre que, en los comportamientos de un sistema formado a partir de la construcción de “metademarcaciones”, sólo existen probabilidades, es decir, sólo se pueden ofrecer conjeturas. Con la enunciación de su principio de incertidumbre, Heisenberg pone de manifiesto el fin del “marco rígido”, el desplome de las viejas demarcaciones establecidas por la física clásica. Admitiendo la incertidumbre se admite, también, la posibilidad de cambio y de construcción de nuevas realidades, se tiene presente la potencia de la realidad, lo contingente.

Gary Zukav, en La Danza de los Maestros, considerada la mejor obra divulgativa de la física cuántica, dice: “La mecánica cuántica nos enseña que nosotros no estamos separados del resto del mundo, como habíamos creído. La física de las partículas nos enseña que el resto del mundo no es algo que permanece ocioso allá afuera. Por el contrario, es un brillante campo de continua creación, de transformación y, también, de aniquilamiento. Las ideas de la nueva física pueden dar lugar a que se produzcan experiencias extraordinarias cuando son captadas en su totalidad”.

Si proyectamos filosóficamente las conclusiones de la mecánica cuántica, podemos afirmar que no sólo influimos en nuestra realidad sino que, en cierta medida, la creamos. Es decir, podemos afirmar que materializamos ciertas propiedades en la sociedad porque elegimos medir esas propiedades.

El famoso físico John Wheeler escribió: “Al universo ¿lo atrae, de alguna manera, a la existencia la participación de los participantes?… El acto vital es el acto de participación. Participador es el nuevo concepto incontrovertible ofrecido por la mecánica cuántica. Derrota el término observador, de la teoría clásica, que designa al hombre que está seguro detrás de un grueso cristal protector y observa lo que ocurre a su alrededor sin participar en ello. Esto es algo que no puede hacerse en la mecánica cuántica”

Causa y efecto de la experiencia

Desde estas aportaciones teóricas, podemos precisar, con mejor luz, que el objeto social, tomado para el análisis, es causa y efecto de la experiencia individual y colectiva: esta experiencia se va construyendo con cada acción (entendiendo ésta como acto consciente e inconsciente; voluntario e inducido; físico y mental). De esta manera, también podemos percibir que cada presente es una captación instantánea de todos los presentes, el cual interpretamos con los recursos cotidianos de nuestro espacio tiempo.

En consecuencia, cualquier comunidad, en cualquier presente, es producto de los factores que laten en ese instante, con su propia impronta derivada de los elementos que están interactuando, para la configuración de esa realidad: económica, política, cultural.

Cada presente está impregnado así de la “información” necesaria para reproducir, en cualquier instante o en cualquier condición, el impulso de la vida con sus ciclos. Desde esta perspectiva, las sociedades se configuran como macro-células de un gran organismo planetario, sujeto a las mismas leyes de la materia cósmica que se encuentra en el universo.

Nuevo conocimiento y viejas creencias

Toda esta reflexión nos hace descubrir las contradicciones que existen entre las ideas que sugieren el nuevo conocimiento y las creencias que existen sobre lo que conocemos y cómo lo conocemos.

En primer lugar, el sujeto del conocimiento se siente el “observador de la realidad”. Una realidad que está fuera de sí mismo y a la que puede conocer objetivamente. Sin embargo, según señala en su obra “Languages of the brain” el neurocirujano de Stanford Kart Pribram, ese ser, en apariencia individual, que se presenta como sujeto porque se siente en ese instante “el observador”, desconoce que su cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico.

Y es que con la física cuántica aparece también el concepto de realidad como un todo que no se puede fragmentar para ser explicado, tal como ocurre con un holograma. También, la realidad aparece como potencia para la creación, donde se dan, simultáneamente, infinitas posibilidades de formas de expresión, que se concretan según la voluntad del actor, el cual actúa como atractor extraño de dichas posibilidades.

Para la física cuántica, cualquier realidad es posible, pero, según sea el “observador-participador” sólo se concreta una: todo es posible y sólo hay una concreción; todo es posible aunque se concrete sólo una expresión. El potencial cuántico depende de las interacciones entre las “partículas” del sistema y el contexto.

Si proyectamos los principios de la mecánica cuántica al escenario de lo social, podemos concluir que cualquier estructura se sostiene porque no se cuestiona. Las realidades son alimentadas por la rigidez de los pensamientos que se adueñan de nuestra capacidad de conocer, y que, como verdaderas murallas, nos impiden acceder a una comprensión mayor de aquella realidad última que perseguimos, incansablemente, los humanos de todos los tiempos.

La comprensión de esto nos lleva a observar la realidad a partir de su potencia de creación, no sólo de su concreción temporal, y a mirar, críticamente, la posible arbitrariedad de aquel pensamiento que se sostiene con afán categorizador, porque limita las posibilidades de conocimiento, de creación y de cambio, impidiendo que se despliegue toda aquella otra realidad que no está dentro de su ángulo de focalización.

El pensamiento social, de espaldas al conocimiento científico

Por eso, las valoraciones sociales que hoy se hacen y que marcan profundamente la acción, no dejan de responder a una ilusión: la ilusión de que estamos viviendo un progreso lineal. Una linealidad que somete a la sociedad y a sus individuos a la creencia misma en dicha ilusión y que se retroalimenta con una formación a-crítica, generadora de conductas individualistas.

Las opciones sociales, nunca fruto de la elección personal sino del discurso con mayor autoridad y prestigio temporal, no suelen ser cuestionadas por las ciencias humanas, que se limitan a relatarlas. Las ciencias humanas, también, quedan atrapadas en ese discurso y en la ilusión evolucionista (lineal), a pesar de los nuevos conocimientos sobre la realidad que provienen, fundamentalmente, de las nuevas ciencias físicas y biológicas.

Las consecuencias prácticas son trascendentales. Tomada “la realidad social”, como un universo aislado, estático, inercial y previsible, se cae en el análisis de los valores “imperantes” en bloque. De esta forma no se tiene en cuenta la coyuntura en la que los valores se producen, dándoseles categoría de absolutos y pensando siempre que son consecuencia de un proceso civilizador. Este análisis no considera la importancia de las creencias en las bondades del modelo imperante, sostén imprescindible para la existencia de dicho modelo.

Es el precio del desarrollo, se afirma, dando por sentado que las consecuencias no deseadas son fruto de una ley de compensación natural contra la que no se puede hacer nada. Una afirmación que se niega a mirar las distorsiones que se producen a causa de la propia visión fragmentadora o categorizadora que la caracteriza.

Como consecuencia, se adopta una perspectiva del presente que juzga el aquí y ahora con una concepción determinista y trágica del ser humano y de sus funciones sociales. Al sujeto se le supone, aparentemente por consenso, sin esencia alguna que le sirva de timón, gobernado por los valores especulativos, sin intereses que no sean los propuestos por el mercado, sin impulsos de proyección, sin potencial ni esperanza para construir algo distinto al ideal que se predica. En definitiva, sin capacidad de reacción.

Agujero negro social

Con esta visión funcional, el sujeto parece quedar atrapado por las leyes del sistema y engullido por un enorme “agujero negro” de “no vida”. Esta visión abarca, mecánicamente, al sujeto de todas las culturas, de todos los estratos sociales, que de esta forma queda convertido en una abstracción esperpéntica: el ciudadano es un tipo sin alma; una marioneta sin voluntad, movida por los vientos de la especulación y el mercantilismo, gobernada por un discurso vacío del que permanentemente se hacen eco, multiplicando sus efectos, los llamados “medios de comunicación”.

Es como si la “muerte de Dios” por decreto, incluyera la desaparición del sujeto como expresión de un espíritu con voluntad creadora. Ese sujeto sin espíritu, sin voluntad, sin sentimientos, es un ente vacío, robotizado, dirigido con mando a distancia (a cuanta más distancia de él mejor se le dirige): de ahí a carecer de responsabilidad en sus actos no hay ni un paso.

Luego nos sorprendemos de “la desidia y del conformismo existentes”, de los niveles que alcanzan los conflictos, de las características que adoptan las violencias, de la magnitud de los integrismos, de la masiva aceptación de las políticas neo-nazis… de los modos suicidas con que nuestros jóvenes “viven a tope” sus mejores años: cada vez se les dificulta más el encuentro con la identidad, también las referencias para alimentarla. Todo ello porque la mirada adolece de un grado intenso de miopía para ver a lo lejos y en múltiples direcciones.

Domingo 19 Noviembre 2006
Alicia Montesdeoca

La física cuántica arroja una nueva visión de los procesos sociales.

Second Life: realidad virtual en Internet

Second Life: realidad virtual en Internet
Articulo de Alfredo Dillon sobre Second Life en Myriades 1:

Second Life: realidad virtual en Internet

Se trata de una forma de realidad virtual, un embrión de las posibilidades que ofrecerá el futuro para vivir otras vidas, tener otras identidades, conocer distintos universos. MYRIADES 1 consultó a distintos especialistas de áreas psicológicas, filosóficas, tecnológicas y sociales, en busca de las implicancias de Second Life y del concepto de universo virtual; nueva dimensión cada vez más desarrollada, que replantea los alcances de lo que llamamos “real”…

El resultado es uno de los articulos más completos sobre Second Life en español. Tengo el honor de formar parte de los especialistas consultados por Alfredo.

El físico Giulio Prisco sostiene que la realidad virtual está entrando en una fase de aceleración sin límites. “La tecnología VR (por ‘virtual reality’) está en una fase similar a la Web en los comienzos de los noventa, cuando solamente las empresas más innovadoras habían entendido el potencial enorme de la nueva tecnología para usos ‘serios’”, sostiene. Para Prisco, sin embargo, Second Life está lejos de explotar todas las posibilidades de la realidad virtual. La ausencia de un sistema de chat de voz, la imposibilidad de utilizar el propio nombre en el Metaverso y la pobreza de los gráficos constituyen limitaciones importantes. Prisco predice que, en un futuro no muy lejano, tendremos acceso a realidad virtual completamente inmersiva, con estímulo directo al cerebro. De esa manera será posible reproducir con alta calidad toda la información que llega al cerebro a través de los sentidos. “En ese caso estaremos hablando de ‘virtualidad real’, tan real como el universo físico”, explica Prisco a MYRIADES 1…

El psicopedagogo Francisco Revuelta, especialista en videojuegos, afirma: “El mérito de Second Life consiste en haber reunido en una sola plataforma los entornos virtuales del chat con los juegos en línea”. El gran desafío que plantea el Metaverso, para Revuelta, es asumir que lo virtual es completamente real. “No podemos seguir manteniendo esta disociación espacial, que considera al ciberespacio como lugar aislado de la realidad física. No son mundos aparte”, dice en diálogo con MYRIADES 1…

Second Life mueve unos 60 millones de dólares al año. Un negocio que ya tentó a las grandes multinacionales: Philips, Toyota, ibm, Reebok, Adidas, Sony bmg y cnet, entre otras, ya tienen sus oficinas en el Metaverso. “El solo hecho de estar presente en Second Life es noticia, y funciona como excelente estrategia de marketing”, explica a MYRIADES 1 Leonardo Penotti, cuyo avatar Erik Perry es el Director de Construcciones de Argentonia (una empresa argentina que provee a organizaciones e instituciones servicios de consultoría y desarrollo 3D utilizando como plataforma Second Life)…

HORIZONTES: Giulio Prisco.

As decisões tomam-se a nível inconsciente

Las decisiones se adoptarían a nivel inconsciente
Un estudio descubre que se producen 10 segundos antes de que lleguen a la conciencia

El libre albedrío podría originarse en una actividad inconsciente del cerebro que se produce hasta 10 segundos antes de que hagamos conscientes nuestras propias decisiones, señala un estudio. Un grupo de voluntarios se sometió a una prueba en la que se debían hacer elecciones sencillas, mientras sus cerebros fueron escaneados con la tecnología fMRI. Los resultados demostraron que, antes de que nos demos cuenta o siquiera pensemos en lo que queremos hacer, nuestro cerebro comienza a discurrir. Las decisiones, por tanto, parecen llegar del inconsciente y no del consciente. Esta cuestión plantea la necesidad de revisar el concepto del libre albedrío. Por Yaiza Martínez.

Las decisiones se adoptarían a nivel inconsciente
Tradicionalmente se ha tratado el tema del “libre albedrío” desde el punto de vista filosófico. El libre albedrío sería el poder humano para elegir y tomar nuestras propias decisiones. De esta definición se deduce que el término estaría relacionado con nuestra mente conciente, es decir, que conscientemente es como elegimos lo que deseamos o no deseamos hacer.

Pero esto último tal vez no sea del todo cierto, al menos si se tiene en cuenta una reciente investigación llevada a cabo por neurocientíficos del Centro Bernstein de Neurociencia Computacional de Berlín, en Alemania, cuyos resultados se han dado a conocer en la revista Nature Neuroscience.

En esta investigación se escanearon los cerebros de 14 individuos mientras éstos tomaban una decisión sencilla (presionar un botón u otro en una tarea informática).

Libertad según la neurociencia

Así, los científicos, liderados por el neurólogo John-Dylan Haynes, localizaron con total precisión señales concretas de actividad cerebral hasta 10 segundos antes de que los participantes se dieran cuenta de su propia elección.

Según señaló Haynes a la revista NewSientist, el presente estudio ha demostrado que “nuestras decisiones están predeterminadas inconscientemente mucho tiempo antes de que nuestra propia conciencia las ponga en marcha”.

En Nature Neuroscience, los autores del estudio explican, además, que esta actividad cerebral pre-decisión consciente puede ser decodificada en la corteza prefrontal (relacionada con procesos emocionales e intelectuales) y la corteza parietal (relacionada con el tacto y las partes del cuerpo) del cerebro.

El desfase temporal entre el procesamiento inconsciente de nuestras decisiones y la toma de conciencia sobre lo que vamos a hacer finalmente reflejaría, según los científicos, el funcionamiento de una red de áreas de control de alto nivel en el cerebro. Esta red se empezaría a preparar para la decisión final mucho antes de que ésta llegue a nuestra conciencia.

Experimento con fMRI

Para las exploraciones realizadas por Hayne y su equipo se utilizó una técnica muy avanzada conocida como exploración de resonancia magnética funcional (fMRI), un procedimiento relativamente nuevo que utiliza imágenes de resonancia magnética para medir los pequeños cambios metabólicos de cualquier parte activa del cerebro.

A los 14 voluntarios que participaron en la prueba se les colocó un escáner cerebral mientras realizaban su tarea, que consistía en apretar un botón con un dedo de la mano derecha o de la izquierda tantas veces como quisieran.

Mientras cada uno de los participantes esperaba para hacer su elección, en una pantalla aparecía, de manera intermitente, una letra aleatoria, cada medio segundo. Cada vez que presionaban un botón, los voluntarios debían indicar qué letra había salido en la pantalla en el momento de decidirse.

Los análisis posteriores de los escáneres fMRI demostraron que había existido actividad en la corteza del cerebro segundos antes de que los individuos presionaran el botón.

Desde los años 80

Esta no es la primera vez que los científicos ponen en duda el libre albedrío consciente. En 1983, un neurocientífico norteamericano ya fallecido llamado Benjamin Libet publicaba en la revista de neurología Brain un trabajo acerca de la iniciación inconsciente de un acto voluntario.

Según este trabajo de Libet, las decisiones tomadas por cualquier sujeto son, en primer lugar, llevadas a cabo en el inconsciente y, posteriormente, trasladadas al conciente. Para Libet, la creencia del sujeto en que su decisión depende de su voluntad es debida sólo a la visión retrospectiva del proceso.

El experimento de Libet consistió entonces en pedir a un grupo de voluntarios que efectuasen, cuando lo quisieran, un movimiento simple, como la flexión de una muñeca. Los participantes debían comunicar a los científicos el momento de aparición en su conciencia de la intención de hacer dicho movimiento y el instante de comienzo de la sensación de movimiento.

Al mismo tiempo, los científicos registraron la actividad eléctrica de las áreas motoras del cerebro, descubriendo así que el cerebro, sin esperar a la decisión consciente del sujeto de mover su mano, se ponía en marcha para llevar a cabo su plan. Por tanto, los resultados indicaron que el acto voluntario comienza en el cerebro de manera inconsciente, antes que la intención final llegue a la conciencia.

Proceso conjunto

Según Haynes, “parece como si el cerebro tomase las decisiones antes que la persona en sí”. El científico añade que el experimento, de cualquier forma, se ha centrado en las decisiones cotidianas típicas, que llevamos a cabo a lo largo del día (como: me voy a tomar un zumo de naranja o me lo tomo de manzana…).

En estos casos, parece que el deseo consciente y el inconsciente se ponen de acuerdo o van “al unísono”, conformando entre ambos un solo proceso, explica el científico.

Poder decodificar las decisiones inconscientes antes de que éstas lleguen a la conciencia tendría importantes consecuencias para el desarrollo de tecnologías que conozcan y descifren nuestros deseos, y puedan anticiparse a ellos.

Desde otro punto de vista, la neurología se ocupa también de otros desórdenes del libre albedrío, como son los desórdenes obsesivo-compulsivos (en los que se siente la necesidad de hacer algo en contra de la propia voluntad) u otros síndromes que imponen movimientos involuntarios a los enfermos.

Todos estos estudios hacen pensar dónde se encuentra en realidad la voluntad humana y si, realmente, depende sólo de nuestra conciencia o, por el contrario, está sujeta a muchas otras variables, entre ellas, los niveles más profundos y desconocidos de nuestro cerebro.

Las decisiones se adoptarían a nivel inconsciente.

Les riches au banc des accusés

Le capitalisme serait à l’origine des crises sociales et écologiques

Photo: Newscom
Qu’est-ce que le réchauffement du climat, la pollution de l’atmosphère, des rivières, fleuves et océans, l’épuisement des ressources, l’extinction accélérée des espèces, la déforestation, la libération des OGM dans l’environnement et, bientôt, la pollution infinitésimale et pratiquement indécelable des nanomatériaux ont-ils en commun? Le capitalisme comme cause première et l’oligarchie qui en profite, répond Hervé Kempf dans un livre-choc publié cette semaine à Paris aux Éditions du Seuil.

Journaliste spécialisé en environnement pour le quotidien Le Monde, Hervé Kempf a roulé sa bosse aux quatre coins de la planète et côtoyé, privilège de chroniqueur environnemental, la crème de la communauté scientifique, «des gens plutôt calmes et pondérés». Pourtant, de ces contacts et des dossiers patiemment constitués pour son journal, il retient deux constats, écrit-il d’entrée de jeu dans Comment les riches détruisent la planète, qui sera disponible au Québec le 6 février.

D’abord, expliquait-il en entrevue téléphonique hier, la situation écologique de la planète s’aggrave à un rythme qui neutralise tous les efforts des millions de citoyens et écologistes militants, au point que la planète risque de franchir un point d’irréversibilité «d’ici 10 ans», croit-il en se basant sur la vitesse à laquelle les bilans négatifs s’accumulent.

Deuxième constat de ce véritable essai d’explication globale de la crise environnementale, «le système social qui régit actuellement la société humaine, le capitalisme, s’arc-boute de manière aveugle contre les changements qu’il est indispensable d’opérer si l’on veut conserver à l’existence humaine sa dignité et sa promesse».

De la même façon que les différents volets de la crise environnementale mondiale réagissent de plus en plus en synergie — le réchauffement accélère le rythme d’extinction des espèces tout comme l’utilisation des combustibles fossiles engendre la pollution et la consommation, l’épuisement des ressources –, la crise écologique et la crise sociale planétaire sont les deux facettes obligées d’un même problème.

«On ne peut comprendre la concomitance des crises écologiques et sociales si on ne les analyse pas comme les deux facettes d’un même désastre. Celui-ci découle d’un système piloté par une couche dominante qui n’a plus aujourd’hui d’autre ressort que l’avidité, d’autre idéal que le conservatisme, d’autre rêve que la technologie. Cette oligarchie prédatrice est l’agent principal de la crise globale», écrit Kempf. Le capitalisme actuel, ajoute-t-il en entrevue, a perdu ses anciennes finalités historiques, soit la création de richesse et d’innovation, parce qu’il est devenu un capitalisme financier, décrié même par des économistes capitalistes. Ce capitalisme, qui détruit les emplois par les rationalisations, les nouvelles technologies et la mondialisation, augmente globalement et partout les écarts entre riches et pauvres dans chaque pays et, aussi, entre les différents pays, constate le journaliste.

Cette oligarchie, qu’il cible, ne se contente pas de consommer et de gaspiller aveuglément les ressources matérielles de la planète avec ses grosses voitures, ses voyages en avion, sa consommation débridée de produits vivants, ses maisons inutilement vastes, son gaspillage d’énergie à tout vent. Elle a aussi, ajoute Hervé Kempf, engendré un modèle d’hyperconsommation tentant désormais d’imiter les classes inférieures et surtout la classe moyenne, tout comme les pays en développement tentent d’imiter les pays occidentaux, même si, d’instinct ou rationnellement, chacun sait clairement que «cette idéologie du gaspillage» et sa ponction sur les ressources planétaires arriveront inévitablement à un terme abrupt.

Cette dérive place l’espèce humaine devant le fait sans précédent qu’elle a atteint ou qu’elle atteindra bientôt les limites de sa planète, ce qui pourrait par rétroaction menacer sa propre existence. Mais cette dérive est d’autant plus difficile à enrayer, estime Hervé Kempf, qu’elle s’appuie sur un régime semi-autoritaire de plus en plus institutionnalisé à l’échelle planétaire. Elle s’appuie même, dit-il, sur des crises comme celle du 11-Septembre pour réduire sensiblement les droits humains conquis de haute lutte et neutraliser, voire faire disparaître, les mécanismes démocratiques qui permettent des débats publics libres sur les choix de projets, les choix de société que soulève à répétition le jeu de l’économie.

Hervé Kempf récuse toute accusation de tenter de faire passer du vert au rouge le débat écologique planétaire.

«Je ne suis pas marxiste, dit-il, et je ne l’ai jamais été parce que cette idéologie ne respecte pas les droits humains. Mais les marxistes n’ont pas le monopole du débat social et on ne peut tout de même pas se fermer les yeux sur des phénomènes documentés, chiffrés, qu’on a sous les yeux. Je constate l’existence de deux crises, l’une écologique et l’autre sociale. Et je constate qu’elles agissent en synergie. Et je constate qu’une minorité en tire bénéfice. Et j’en tire des conclusions.»

Mais il constate aussi qu’une grande partie de la gauche européenne n’a pas vu la profondeur des liens entre les deux problèmes, tout comme beaucoup d’écologistes, qui s’en tiennent à une approche environnementaliste, ratent la moitié du problème, sinon sa cause première.

«Si on veut être écologiste, écrit-il, lapidaire, il faut arrêter d’être benêt», car «le social reste l’impensé de l’écologie» si on n’ose pas l’analyser sous l’angle des rapports de pouvoir, de domination et de richesses.

«Il faut, écrit-il, sortir de ce hiatus. Comprendre que crise écologique et crise sociale sont les deux facettes d’un même désastre. Et que ce désastre est mis en oeuvre par un système de pouvoir qui n’a plus pour fin que le maintien des privilèges des classes dirigeantes.»

S’il n’aborde pas dans son essai l’impact de la démographie galopante sur les «services biologiques» en déclin de la planète, Hervé Kempf reconnaît d’emblée que ce facteur a certainement un impact globalement plus grand que toute l’hyperconsommation de cette oligarchie, constituée par quelques centaines de milliers de millionnaires et de milliardaires, qui contrôlent l’essentiel des revenus et du patrimoine financier. Mais, explique-t-il, c’est cette oligarchie qui crée un modèle insoutenable pour la planète, dont l’impact indirect sur les autres groupes sociaux dépasse sa consommation directe. «Et, dit-il pince-sans-rire, tous les humains n’ont pas le même impact sur la planète à leur naissance: un Occidental pèsera beaucoup plus lourd sur le sort de la planète qu’un bébé du Niger ou de l’Inde.»

C’est pour mettre fin à cette course à la consommation ostentatoire qu’il préconise des contrôles radicaux de la richesse par un «plafonnement du salaire maximum et de l’accumulation de la richesse patrimoniale», une sorte de pendant du salaire minimum mais par le haut.

«Tout le monde, commente Kempf, sait que la Chine ne pourra jamais atteindre un niveau de consommation par habitant comparable à celui des Américains, avec deux voitures par famille, trois téléviseurs, quatre ordinateurs et portables, et une maison trois fois trop grande pour ses habitants, ce qui engendre une consommation d’énergie qui suffirait aux besoins d’une dizaine, voire de vingt personnes sur d’autres continents.» Cette oligarchie, qui a mondialisé la pauvreté, le chroniqueur environnemental propose qu’on lui impose une réduction de sa consommation pour qu’elle n’alimente plus ce rêve insoutenable, qui engourdit l’esprit critique de toute la planète au point qu’elle ferme les yeux sur le mur dans lequel elle fonce à toute vapeur.

Et le journaliste connu pour sa rigueur et sa pondération n’en conclut pas moins: «Il faudra encore que la préoccupation écologique s’articule à une analyse politique radicale des rapports actuels de domination. On ne pourra pas diminuer la consommation matérielle globale si les puissants ne sont pas abaissés et si l’inégalité n’est pas combattue. Au principe écologiste, si utile à l’époque de la prise de conscience — “Penser globalement, agir localement” –, il nous faut ajouter le principe que la situation impose: “Consommer moins, répartir mieux”.»

Les écologistes, ajoute-t-il, n’ont pas souvent fait le procès de la «misère écologique» qui parque les pauvres à côté des quartiers industriels, pollués et à risque, à côté des autoroutes ou des activités bruyantes, dans les maisons les plus insalubres et dans les secteurs généralement les moins bien desservis par les services publics, y compris les transports en commun. Il est faux, dit-il, de prétendre que le système économique doit croître davantage pour sortir ces gens de la misère ou pour permettre aux pays pauvres d’accéder à plus de richesse. Le jeu du système économique va dans l’autre sens, en monopolisant richesse et pouvoir aux dépens des plus démunis et des classes moyennes qui rêvent — de plus en plus vainement — de se hisser dans le cocon de l’oligarchie financière actuelle, soutient Kempf.

C’est pourquoi, dit-il, il faut «abaisser les riches» plutôt que de relever les pauvres, afin de commencer à respecter les seuils de détérioration irréversibles des ressources de la planète.

Il s’en prend d’ailleurs au concept de développement durable et à l’alibi qu’il constitue désormais pour les gouvernements et les entreprises qui s’en servent pour justifier d’autres ponctions dans les ressources au nom de cette nouvelle rationalité qui serait inoffensive pour la planète. Le développement durable, écrit-il, est devenu «une arme sémantique pour évacuer le gros mot “écologie”. Y a-t-il d’ailleurs besoin de développer encore la France, l’Allemagne ou les États-Unis»? Le concept a un sens, concluait-il hier en entrevue, mais uniquement dans les pays en développement puisqu’il peut leur servir à éviter un développement aussi brutal et anarchique que celui que nous avons réalisé en Occident. Mais en Occident, dit-il, la première des responsabilités environnementales «consiste à réduire notre consommation de biens matériels» pour plutôt accéder à un niveau de bien-être basé sur des valeurs, des connaissances, en somme sur des richesses immatérielles mais pourtant bien réelles.

Les riches au banc des accusés.

Nuestro Universo pudo haberse formado de otro Universo especular anterior

Un modelo matemático aporta una nueva teoría sobre la formación de las galaxias, estrellas y planetas.

Nuestro Universo no se originó en una gran explosión, sino que se formó a partir de otro Universo anterior gemelo al nuestro, según un modelo matemático que aporta una nueva teoría sobre la formación de las galaxias, estrellas y planetas. Ese otro Universo gemelo sería como una imagen especular del actual, ya que los dos seguirían las mismas ecuaciones dinámicas, tendrían la misma cantidad de materia contenida y seguirían la misma evolución. Pero el gemelo, al contrario que el nuestro, se está contrayendo, por lo que sería como si viéramos caminar a nuestro propio Universo hacia atrás en el tiempo, si bien no todo sería igual en ambos (por ejemplo las personas y sus historias). El modelo sugiere que nuestro Universo generará en su momento otros universos parecidos que se expandirán mientras el nuestro se contrae. Por Yaiza Martínez.

http://www.tendencias21.net/Nuestro-Universo-pudo-haberse-formado-de-otro-Universo-especular-anterior_a2195.html

Fuente: NASA.
Nuestro Universo podría ser fruto de un Big Bounce (gran rebote) acaecido en un universo anterior muy parecido al nuestro, en lugar de haber sido originado por un Big Bang (una gran explosión), señala un equipo de físicos de México y Canadá.

Hasta hace muy poco, los científicos no se planteaban lo que podía haber existido antes del Big Bang (literalmente “gran explosión”), teoría que describe el desarrollo del Universo temprano y su forma. Según esta teoría, el Universo comenzó a expandirse desde un punto de materia de densidad y energía infinitas que, en un momento dado, explotó en todas las direcciones dando lugar al Universo en que hoy existimos.

Sin embargo, desde hace unos años, está surgiendo una hipótesis alternativa sobre el origen del universo aún más llamativa e interesante -al menos desde el punto de vista de su novedad- que propone que nuestro Universo surgió a partir del colapso de otro Universo anterior muy parecido al nuestro, lo que significaría que nuestro Universo es hijo de otro Universo.

Universo gemelo

Esta hipótesis se incluye dentro de la teoría LQG (Loop Quantum Gravitity o Gravedad Cuántica de Bucles), y sugiere la posibilidad de que antes del Big-Bang se produjera un Big-Bounce (literalmente, un gran rebote) en un Universo anterior al nuestro, y que ese “gran rebote” habría originado la aparición de nuestro Universo.

Según explica al respecto la revista PhysOrg, los físicos Alejandro Corichi, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Parampreet Singh, del Perimeter Institute for Theorietical Physics de Ontario (en Canadá), han descubierto su aspecto gracias al desarrollo de un modelo de LQG simplificado.

Según declaraciones de Singh a PhysOrg, “la importancia de este concepto es que nos da una respuesta a lo que sucedió al universo antes del Big Bang”. Singh añade que su estudio demuestra además que aquel otro Universo era muy parecido al nuestro.

Amnesia cósmica

Este descubrimiento descansa sobre una investigación previa. El año pasado, un profesor de física de la Penn State University de Estados Unidos llamado Martin Bojowald publicó un artículo en la revista Nature Physics en el que se explicaba el desarrollo de un modelo matemático sencillo (una máquina matemática del tiempo, según informó entonces la Universidad de Pennsylvania) que permitió integrar la Teoría General de la Relatividad de Einstein y algunas ecuaciones de la física cuántica, componiendo así la primera descripción matemática de la existencia del Big Bounce.

Esta descripción revelaba que un Universo anterior al nuestro, en contracción antes del Big Bounce, dio finalmente origen a nuestro Universo en expansión. Bojowald llegó además a una conclusión adicional: que los universos sucesivos no serían réplicas perfectas el uno del otro.

A pesar de la creación del modelo matemático de Bojowald, ninguna observación de nuestro universo había podido llevar hasta ahora a la comprensión del estado de ese otro Universo pre-rebote, dado que aparentemente nada quedó de él tras el fenómeno que produjo nuestro universo. Bojowald describió este hecho como “amnesia cósmica”.

Gemelos en tiempo y leyes

Corichi y Singh parecen haber superado esa amnesia. Modificando la teoría LQG con la inclusión de una ecuación clave llamada de restricción cuántica (generando así la versión sLQG de dicha teoría), han conseguido demostrar que las fluctuaciones relativas de volumen y cantidad de movimiento pertenecientes al universo anterior al rebote (Universo pre-bounce) fueron conservadas a un lado y otro de dicho rebote.

La conclusión que sacan los físicos de esto es que ese otro Universo gemelo tendría las mismas leyes físicas y la misma noción temporal que el nuestro. De hecho, “vistos desde lejos, ambos universos no podrían distinguirse el uno del otro”, afirmó Singh en PhysOrg.

Nuestro universo actual, de aproximadamente 13.700 millones años de edad tras el Big Bounce, compartiría así muchas de sus características con el Universo anterior cuando éste tenía la edad de 13.700 millones de años antes del rebote. En cierto sentido, nuestro Universo y su gemelo serían imágenes especulares el uno del otro, con el momento del Big Bounce como línea de simetría.

Ambos universos se parecerían, por ejemplo, en que los dos seguirían las mismas ecuaciones dinámicas o en que tendrán la misma cantidad de materia contenida y seguirán la misma evolución. Pero el gemelo, al contrario que nuestro Universo, se está contrayendo, por lo que sería como si viéramos caminar a nuestro propio Universo hacia atrás en el tiempo.

Reproducción universal

Pero, según los físicos, no todo sería igual en un Universo con respecto al otro. Por ejemplo, la existencia de ese otro Universo gemelar al nuestro no implicaría que existiesen réplicas exactas nuestras o personas que hayan vivido nuestras propias vidas en esa otra realidad.

Según Singh, sucedería algo parecido a lo que pasa en los gemelos humanos: estudiados a escala se pueden apreciar incluso entre ellos pequeñas diferencias, como en las huellas dactilares o el ADN.

Además, aún quedan por aclarar otros factores de ese universo gemelar, explicó el científico. El más importante: si las propiedades similares sobrevivirían en el caso de que, en lugar de aplicar un modelo simplificado, se introdujeran variables más complejas, como las posibles huellas de las galaxias del universo anterior sobre el nuevo. ¿Darían lugar esas galaxias a estructuras similares a ellas en el Universo en expansión que surja?

Por último, el modelo de Corichi y Singh podría servir para conocer el futuro de nuestro propio Universo. Es posible de hecho que una generalización del modelo establecido por los físicos predijera un Big Bounce de nuestro propio universo. De esta forma, sería posible que nuestro universo generara a su vez otros universos, y que todos estos se parezcan unos a otros.

Los científicos harán públicas próximamente sus investigaciones en la revista Physical Review Letters, pero han anticipado el texto en Arxiv.

Nuestro Universo pudo haberse formado de otro Universo especular anterior.

Las fronteras físicas entre personas y ordenadores desaparecerán en 2020

Las fronteras físicas que separan a los humanos de los ordenadores desaparecerán completamente en 2020, afectando a los valores humanos, culturales y sociales, lo que obligará a redefinir el marco de relaciones para la interacción persona-ordenador porque las tecnologías computacionales no son neutrales. Esta es una de las conclusiones a las que llega un informe elaborado por un grupo de expertos convocados en Sevilla por Microsoft para analizar el futuro de las relaciones entre personas y ordenadores. Los escenarios resultantes de este ejercicio señalan un panorama marcado por interfaces dinámicos, hiperconectividad, mayor tecno-dependencia, por el fin de lo efímero y por la eclosión de la creatividad a partir de las posibilidades abiertas por ordenadores cada día más sofisticados. Por Yaiza Martínez.
Las fronteras físicas entre personas y ordenadores desaparecerán en 2020
Las fronteras físicas que separan a los humanos de los ordenadores desaparecerán completamente en una década, al mismo tiempo que la tecno-dependencia aumentará, según un informe realizado por Microsoft en el que se abordan escenarios posibles de evolución en la interacción humano-ordenador (HCI o Human Computer Interaction) para el año 2020.

Dado el importante papel que hoy día juegan los ordenadores en muchos de los aspectos de nuestra vida cotidiana, con gran parte de las actividades humanas condicionadas por ellos, Microsoft organizó en marzo de 2007 en Sevilla un encuentro de expertos del que surgieron las ideas que conforman el presente informe. Los expertos consideran que las tecnologías computacionales no son neutrales y que afectan a los valores culturales y sociales, por lo que exponen la necesidad de definir una nueva agenda para la interacción persona-ordenador que permita anticipar impactos y preparar reacciones.

Bajo el título Being Human: Human-Computer Interaction in the Year 2020, el análisis apunta, por ejemplo, a que los medios convencionales con los que los humanos nos relacionamos con estas máquinas (el ratón, el teclado o la pantalla) se transformarán, dando paso a otros medios más intuitivos, como los sistemas de reconocimiento de voz o las superficies sensibles, que nos permitirán manipular los iconos y funciones directamente en la pantalla, con la punta de los dedos.

Un mundo cambiante

Además, en 2020, preconiza Microsoft, aún usaremos el papel, pero también contaremos con nuevas formas de pantallas flexibles que nos permitirán desarrollar nuevas formas de contenidos y de archivos. Por ejemplo, con el papel electrónico podremos crear revistas de redes sociales actualizadas a tiempo real, o ropa capaz de realizar diagnósticos de salud e incluso de desplegar esta información en el propio tejido.

La creciente capacidad lógica de los ordenadores, y su posibilidad de decidir en función de esa lógica, mejorarán por otro lado las habilidades computacionales y las habilidades de los robots, que están cada día más integrados en nuestra vida cotidiana para tareas domésticas, militares y de emergencia. Por eso, en 2020, podremos hacerles preguntas y los robots tendrán la capacidad de anticiparse a lo que queremos.

En lo que se refiere a la memoria digital, ya en la actualidad barata y portátil en múltiples formatos, la usaremos cada vez más, es decir, que cada vez más aspectos de nuestra vida estarán “digitalizados”. En 2020 esta situación generará importantes preocupaciones acerca de la privacidad.

Cinco transformaciones clave

La manera en que pensamos y definimos nuestras relaciones con los ordenadores está en definitiva cambiando radicalmente, así como la forma en que los usamos y dependemos de ellos. El informe de Microsoft ha identificado cinco transformaciones clave en las futuras relaciones entre personas y ordenadores.

En primer lugar, las fronteras físicas entre ordenadores y humanos se difuminan y llegarán a desaparecer completamente: asistimos, según el informe, al fin de la estabilidad del interfaz. Los interfaces se volverán cada vez más cercanos, y los dispositivos digitales si trasladarán a nuestra ropa e incluso a nuestros cuerpos. Por otro lado, los ordenadores llegarán a estar incorporados a nuestro entorno de manera discreta, por ejemplo, en los objetos.

En segundo lugar, aumentará rápidamente la conectividad e incluso la hiper-conectividad. Un medio digital interconectado supone que nos podamos relacionar con el mundo desde cualquier lugar en que nos encontremos: la antigua separación entre estar en el trabajo o en casa desaparecerá, y con ella la línea entre tiempo privado y profesional.

En tercer lugar, con la informática metida en tantos aspectos de nuestra vida, asistiremos a un aumento de la tecno-dependencia. Pero esta expansión no será igualitaria, lo que podría dividir al mundo entre aquellos que tienen acceso al mundo digital y los que no.

En cuarto lugar, estos cambios están produciendo también el fin de lo efímero, porque cualquier actividad que antes considerábamos como sin importancia y sin consecuencias ahora puede registrarse y almacenarse digitalmente: nuestros hábitos de compra, nuestros movimientos e incluso nuestros errores pueden ser archivados para siempre, a veces para no salir nunca a la luz o, quizá, para ser exhibidos ante una vasta audiencia. Esta situación, evidentemente, requerirá de nuevas legislaciones y métodos de autentificación de la información.

Por último, los ordenadores ofrecen cada vez más aplicaciones y herramientas que cualquier usuario puede utilizar de manera creativa, lo que está llevando a un aumento de los propósitos creativos. Esto está teniendo un impacto masivo en la investigación científica, permitiendo la convergencia de disciplinas, como la ciencia computacional, la biología, la química, la física y las ciencias de la tierra en el desarrollo de aplicaciones que puedan ayudar a enfrentar cuestiones esenciales del momento, como el cambio climático o las pandemias.

Preparación para el futuro

Todos estos cambios y la expansión explosiva de los ordenadores y del universo digital necesitarán una estrategia de gestión a tres bandas, señala el informe de Microsoft: una nueva fase de análisis conceptual centrado en el usuario y en sus inquietudes, la creación de un nuevo lenguaje que describa la HCI y que permita a las diversas partes vinculadas entenderse entre sí, así como nombrar conceptos emergentes; e incluir disciplinas en el proceso de evolución de la HCI que permitan tratar temas sociales, morales y éticos.

En definitiva, el informe hace una serie de recomendaciones para ayudar a la transformación de la relación humano-ordenador que tendrá lugar desde ahora hasta el año 2020. Por ejemplo, recomienda explorar nuevas formas de diseño que vayan dirigidas directamente a las necesidades de los usuarios y que abarquen disciplinas y tradiciones culturales diversas.

Por otro lado, se deben establecer claramente las fronteras de la HCI, explorando en qué puede o debe aplicarse y en qué no. Asimismo, se deberían desarrollar técnicas disciplinarias que permitan a la relación humano-ordenador colaborar con otras comunidades de investigación o establecer lazos efectivos en prácticas interdisciplinarias.

Otro aspecto en el que el informe hace hincapié para el futuro es la necesidad de educar a los jóvenes en la relación humano-ordenador, para que éstos aprendan a manejarse, pero también para que conozcan el amplio impacto de la HCI en todos los niveles sociales.

Los investigadores de la relación entre humanos y ordenadores deben ser más y estar mejor preparados que actualmente en 2020, y los gobiernos y las políticas deben a su vez prepararse, sobre todo legislativamente, para lo que está por llegar.

(Tendencias21)

Física moderna y budismo apelan por igual a la compasión universal

Física moderna y budismo apelan por igual a la compasión universal
El físico Victor Mansfield analiza la concordancia entre ambas líneas de conocimiento y sus aplicaciones

El físico norteamericano de la universidad estadounidense de Colgate, Victor Mansfield, publicó recientemente un libro titulado: Tibetan Buddhism and Modern Physics: Toward a Union of Love and Knowledge, en el que se aborda el tema de la relación existente entre la religión budista y la física cuántica. Principios como el vacío y la indivisibilidad o interconexión de todas las realidades aparecen en ambas líneas de conocimiento, señala el autor. Enmarcada en la ya tradicional síntesis entre cuántica y espiritualidad oriental, esta obra concluye que, dado que la religión budista apela a la compasión y que la ciencia moderna también ha descubierto valores similares, esta última debería servir para mejorar el mundo y garantizar la felicidad de todos. El prólogo ha sido escrito por el Dalai Lama. Por Yaiza Martínez.

Física moderna y budismo apelan por igual a la compasión universal
Víctor Mansfield, profesor de física y de astronomía de la Universidad de Colgate del estado de Nueva York, en Estados Unidos, acaba de publicar un libro titulado Tibetan Buddhism and Modern Physics: Toward a Union of Love and Knowledge (Budismo tibetano y física moderna: hacia la unión entre amor y conocimiento), en el que se vuelve a abordar la relación que, para diversos autores y pensadores, existe entre la religión budista y la física moderna.

Publicada por la editorial Templeton Foundation Press de la Fundación John Templeton, la obra se centra en las complejas cuestiones del diálogo y la colaboración entre budismo y ciencia, revelando las conexiones y diferencias existentes entre ambas cosmovisiones, que a priori podría parecer que no tienen nada en común.

Asimismo, el libro responde a la sincera petición del Dalai Lama de que se desarrolle una colaboración entre ciencia y Budismo, tal y como se muestra en la introducción a la obra, escrita por el propio Tenzin Gyatso. Por otro lado la llamada Oficina de Su Santidad se encargará de la traducción de la obra al chino y al tibetano.

El principio del vacío

Con un lenguaje claro y atractivo, Tibetan Buddhism and Modern Physics describe cómo el principio del vacío o sunyata (lo carente de realidad, sin identidad, lo deshabitado), núcleo filosófico del budismo tibetano, está íntimamente relacionado con la no-localidad cuántica y otras características fundacionales de la mecánica de la física subatómica.

Detalladas conexiones entre el vacío, el principio de la relatividad, y la naturaleza del tiempo también han sido exploradas por el autor. Para los budistas tibetanos, la interconexión profunda que implica el vacío demanda la práctica de la compasión universal.

Dada la relación que Mansfield y otros pensadores han visto entre dicho sunyata y el vacío descrito por la física cuántica, esta rama de la ciencia debería animar también a una actitud compasiva hacia todo lo que nos rodea.

Pero el libro no se centra sólo en las similitudes entre física cuántica y budismo, sino que también explora un conflicto significativo que surge entre ambas líneas de conocimiento: las consideraciones acerca de la causalidad. En física, la causalidad se limita a describir la relación entre causas y efectos.

En el budismo, por el contrario, la causalidad ha tenido siempre un significado espiritual, esto es, jamás es ciega sino que está llena de sentido (los actos de cada sujeto tienen efectos y estos efectos volverán siempre al sujeto por la interdependencia entre éste y la totalidad del cosmos). En resumen, nadie puede librarse de su karma.

Ciencia y compasión

Según publica Templeton Press, el libro concluye con una respuesta a la pregunta: ¿cómo podría el viaje a través de la física moderna y el budismo tibetano aplicarse a un mundo en la actualidad dolorosamente polarizado? Es decir, que el mensaje central de la obra es que la compasión universal puede acompañar la expansión de la visión científica, uniendo de esta manera el amor al conocimiento más profundo de la realidad.

En esta línea, en la introducción que antes hemos mencionado a la obra, el Dalai Lama declara “no tengo ninguna duda de que la ciencia y la tecnología pueden contribuir a la felicidad de todos nosotros, y de que la ciencia es una vasta y hermosa fuente de conocimiento. Sin embargo, a pesar de sus logros en numerosos campos, aún no hemos dado con la forma de aplicar la ciencia y la tecnología a la erradicación de la infelicidad que atenaza a tanta gente en el mundo”.

El Dalai Lama añade, “ciertamente, creo que el remedio básico para el sufrimiento anímico, por naturaleza, radica en la mente misma y que el potencial para la resolución real de los problemas de la mente existe sólo en el nivel mental. Por consiguiente, aunque necesitamos evidentemente de la ciencia y de la tecnología, también necesitamos de nuestra espiritualidad, del trabajo en el corazón y en la compasión que apuntalan nuestra felicidad esencial”.

Tanto la tradición budista como la ciencia moderna están ocupadas en conocer la realidad a diversos niveles, a través de la investigación, y no sólo teóricamente sino también en la práctica. Tanto si nos acercamos al mundo a través de la ciencia como si lo hacemos a través de la espiritualidad, debemos aceptarlo tal y como es, señala el Dalai Lama.

Verdad en ambas direcciones

Antes de Mansfield, otros físicos han explorado la conexión entre la física moderna y las filosofías orientales. El primero en hacerlo fue el norteamericano de origen austriaco Fritjof Capra, que en 1975 publicó “El Tao de la Física”, en el que se exploraban las correspondencias entre las teorías de la física cuántica y tradiciones místicas como el Hinduismo, el Budismo o el Taoísmo. En esta obra, Capra demostró que la visión que poseen físicos y místicos presenta ciertos paralelismos y que la religión o el misticismo pueden acercarse a la ciencia, aunque sean aparentemente irreconciliables.

Otros textos que han analizado el estrecho vínculo entre física moderna y filosofías orientales han sido “La Danza de los Maestros de Wu Li”, de Gary Kuzav o “El infinito en la palma de la mano”, de Matthieu Ricard y Xuan Thuan Trinh.

Todos estos autores coinciden en señalar los puntos de concordancia entre filosofías orientales y ciencia moderna. Entre ellos, además de la concepción del vacío, se encuentra la idea del universo como una totalidad indivisible, es decir, la interconexión entre todas las cosas, particularmente entre el observador y lo observado, eje central de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica.

Las causas de estas similitudes podrían encontrarse, según algunos, en que en ambas líneas de investigación se hace un esfuerzo igualmente riguroso por avanzar y profundizar en el conocimiento de la realidad y, por lo tanto, se alcanzarían conclusiones igualmente verdaderas en ambas direcciones.

Viernes 11 Abril 2008
Yaiza Martínez

Física moderna y budismo apelan por igual a la compasión universal.

Un espacio para repensar la educación con una mirada transdisciplinar

Kosmos47

La oportunidad del I Ciclo de conferencias sobre Complejidad y Modelo Pedagógico se basa en el sentir de toda la sociedad de que la educación se encuentra en una crisis de sentido y de prácticas que demanda su reformulación.

Y no sólo por los resultados preocupantes que todos acusan, sino porque, como toda la realidad social, está siendo atravesada por la emergencia de un nuevo paradigma, una nueva concepción del ser humano que hoy se vislumbra en la sociedad a través de vocablos como complejidad, holismo, transdisciplinariedad, sistemas, auto-organización, interacción, procesos, incertidumbre, sincronicidad… Esto nos exige una nueva mirada. Una mirada más amplia y más profunda en la que estén integrados los aspectos físicos, mentales, espirituales y anímicos de todos los sujetos implicados en la acción educativa (alumnos, padres, maestros, comunidad), junto a sus procesos vitales y a las condiciones externas.

Ahora bien, la emergencia del nuevo paradigma que se desprende de un nuevo sentido de lo real, no cuenta con fórmulas sociales sobre las que soportarse y a través de las cuales manejar la complejidad que nos lleva a un nuevo modo de conocer y de decir, de relacionarnos y de educar.

Así pues, en la actualidad nos situamos, por un lado, ante nuevos retos para la educación en su proceso de clarificación interna, proceso éste que está siendo impulsado por las perspectivas nuevas y por el agotamiento de las fórmulas para educar del pasado. Y por otro lado, hay que contar con las inercias que se arrastran y que se resisten a desaparecer, dificultando la adopción de una perspectiva más profunda.

Por ello, la celebración de este ciclo de conferencias supone una gran ocasión para dar a conocer el llamado pensamiento complejo y reflexionar sobre sus posibilidades de generar un modelo pedagógico alternativo, dentro de un marco epistemológico bien fundamentado.

Ahora bien, si queremos que se asuma la nueva perspectiva, será preciso que la formación de los educadores, como formadores de nuevas generaciones, se oriente hacia la búsqueda de fórmulas que hagan posible que los aprendizajes respondan a la esencia de los individuos, a las necesidades de la sociedad, al equilibrio y la armonía con la naturaleza y con los procesos y ciclos de la vida. Esta sería la segunda justificación de este proyecto: plantar las semillas para el diseño de un programa de Formación de Formadores que tenga en cuenta las características de la realidad debatida.

Para esto, será necesario que los educadores adopten la perspectiva transdisciplinar en la comprensión del mundo presente. Esta perspectiva les dotará de los recursos suficientes para cambiar su mirada y permitir que su acción pedagógica cree, cada día, condiciones que facilitan el pleno desarrollo de las facultades de las nuevas generaciones, de la consciencia despierta, de una ética acorde con sus responsabilidades con la vida que se manifiesta en sí mismos y en todo su entorno de manera diversa. Diversidad que es expresión de una única realidad.

En resumen: la celebración de este I Ciclo de Conferencias sobre Complejidad y Modelo Pedagógico se suma a la necesidad que tiene la sociedad de redefinir las bases y los fundamentos de la educación, de orientar la búsqueda de su sentido filosófico, de establecer el objeto de la educación en el pleno desarrollo del niño. De esta manera, las prioridades a establecer en la educación serán fijadas desde el propio sujeto, desde su adentro y en su afuera.

El Artículo 11 de la Carta de la Transdisciplinariedad expresa este sentir: “Una educación auténtica no puede privilegiar la abstracción en el conocimiento. Debe enseñar a contextualizar, concretar y globalizar. La educación transdisciplinaria reevalúa el rol de la intuición, del imaginario, de la sensibilidad y del cuerpo en la transmisión de los conocimientos”.

Un espacio para repensar la educación con una mirada transdisciplinar.

Ser y Tecnología (I). Del análisis del riesgo a la esperanza de la salvación

Kosmos64

1. Heidegger como punto de apoyo reflexivo.

Siempre hemos reivindicado la figura filosófica descomunal de Martín Heidegger, sobre todo para reivindicarlo. Y en este caso tal aparición es, desde nuestro punto de vista, muy conveniente para afrontar la cuestión tecnocientífica y su relación con el hombre desde una perspectiva filosófica riquísima pero ciertamente complicada porque explicar.

A Heidegger se le reprocha no haber escrito una moral o, en el mejor de los casos, se echa de menos una ética dentro de su obra, ciertamente amplia. Si pasamos revista a los títulos de sus libros no hallaremos, en efecto, ni la palabra moral ni el término ética. ¿Quiere eso decir que en Heidegger no hay una ética?

En primer lugar hay que decir que la filosofía de Martín Heidegger ser articula en torno a cuatro palabras: ente, ser, ser-ahí y existencia.

Cuando miramos en derredor nuestro cualquier hombre, en cualquier lengua dice con admiración, respeto, temor o indiferencia una palabra: “hay”. Hay tierra, prado, monte, árbol, vaca, caballo, cielo, sol, palabra, acción, casa, número, etc. Eso que hay es lo “ente”. Se entiende por ente aquello que es. Así, la piedra, la planta, el animal, el hombre, Dios, los espacios vectoriales…son entes.

Ahora bien, al definir el ente como aquello que es, hemos hecho ya, de algún modo, la experiencia de lo que Heidegger llamará la maravilla de las maravillas: el ente es. Es decir, hemos definido el ente desde la comprensión previa de otra cosa. El ente, incluye en su concepto algo que no es ningún ente, pero sin lo cual ningún ente podría ser concebido como ente. A este último nivel de realidad que trasciende todo lo inmediatamente dado y perceptible, el ámbito del ente, pero vinculado a la vez a su propio ámbito, Heidegger lo designa con el infinitivo del verbo ser, el ser (das Sein).

El ser no es ninguna de las cosas que hay: tierra, prado, monte, árbol, vaca, caballo, cielo, sol, palabra, acción, casa, número… El ser no es ningún ente y, por tanto, ningún objeto que pueda ser representado. Sin embargo, está bien claro: de algún modo pensamos el ser continuamente.

Cada vez que decimos de un ente: es esto o es aquello, cada vez que nos comportamos teórica o prácticamente o prácticamente respecto de un ente, cada vez que reconocemos a un ente como ente, hemos pensado el ser. Al ente como ente sólo se lo puede comprender, si se ha pre-comprendido algo así como el ser.

El ser, como ya observo la filosofía clásica, es lo indefinible, precisamente, porque forma parte de toda definición. El ser no es definible; es descriptible, partiendo de la experiencia ontológica que acabamos de describir. Cabría decir que el ser es aquello gracias a lo cual el ente es, o también aquello que hace que el ente sea ente y pueda ser comprendido como tal.

2. Ser y existencia.

Entre el ser y el ente hay, pues, una diferencia que Heidegger denomina diferencia ontológica. El ser no es el ente, pero es el ser del ente. Como ser del ente, el ser está presente de algún modo en todo ente. Esta presencia, normalmente opaca, se hace translúcida en el ente que nosotros, los humanos, somos. Por eso, para designar a ese ente que nosotros somos utiliza Heidegger un término compuesto que remite, en su propia etimología, al término “ser” y lo denomina “ser-ahí” (Dasein).

En el alemán clásico, el término Dasein tiene el sentido filosófico de “existencia” en contraposición a la esencia o Wassein. Heidegger, en cambio, lo utiliza en el sentido etimológico de ser-ahí, pero no sin darle un sentido ontológico nuevo. El hombre está ahí, en el mundo, pero está ahí, como el ahí del ser, como el lugar óptico donde el ser se revela, como el ente privilegiado en el que el ser adviene a la luz. Los entes, lo acabamos de exponer, son lo que son gracias al ser.

Pero esto los entes no lo saben. Sólo se revela a ese ente que somos nosotros, a ese ente que es capaz de comprender al ente en su ser y de decir: el ente es. Ser sólo lo hay donde hay comprensión del ser y solo hay comprensión del ser donde existe un ser-ahí (alma o espíritu, para entendernos).
Ese término precioso y preciso acuñado por Heidegger, Dasein, se relaciona con otro con el que se designa también al hombre: la “existencia” (die Existienz).

Ahora bien, en el lenguaje común, el término Existienz es un vocablo de raíz latina que significa lo mismo que el germánico Dasein: la existencia en sentido clásico. Sin embargo, Heidegger lo adopta en la acepción que previamente le había conferido Kierkegaard: modo de ser del hombre.

Kierkegaard vio que el hombre es una relación que se relaciona consigo mismo, con su propio ser, por cierto único ente capaz de hacer esto. Por eso decimos que a los entes no humanos el ser les ha sido dado de un modo cerrado, lo tienen, pero son incapaces: son lo que son y nada más. Aunque lo que son, nos merece todo respeto.

A los humanos, en cambio, se nos da de un modo esencialmente abierto y esto es clave porque somos lo que en cada caso decidimos ser. La existencia, en este nuevo sentido, expresa ese ente que nosotros somos, ese ente que existe en tensión hacia sí mismo, cuyo ser no se presenta como algo ya hecho y decidido, sino como tarea y como quehacer.

Cuando Heidegger afirma en una famosa de Ser y Tiempo (Sein und Zeit) que la “esencia del ser-ahí estriba en su existencia”, no pretende, como muchas veces se ha interpretado erróneamente y/o con mucha malevolencia, absolutizar al hombre, como si en él coincidiesen en sentido clásico la esencia y la existencia, como si su esencia, como la de Dios, fuese existir, sino que sólo quiere poner de relieve la importancia que para el ser del hombre tiene la realización, la ejecución; quiere dar a entender es lo que él en cada caso decide ser, que es proyecto de sí mismo, tarea de su propia realización (este razonamiento enlaza con la expresión zubiriana que anteriormente destacamos y volvemos a repetir: “el hombre existe ya como persona en el sentido de ser un ente cuya entidad consiste en tener que realizarse como persona, tener que elaborar su personalidad en la vida”).

Consecuencias prácticas:

A. La sabiduría y la prudencia nos merecen respeto

B. La libertad de todo humano, de todo ser-ahí, merece un respeto imponente, reverencial y es lo primero que nos merece respeto

C. Si el hombre es proyecto de si mismo, tal proyecto puede llevarle a buen puerto o a aniquilarse. Los ingenieros saben que los proyectos se dirigen, se corrigen, se orientan e incluso se reconducen, ergo la educación también merece un respeto enorme y un reconocimiento total público y privado.

3. El querer del querer.

Nadie, a estas alturas, puede dudar ya que vivimos en el periodo del “adueñamiento” de la tierra por el hombre, como había previsto Nietzsche. Y tambien el “adueñamiento” del hombre por el hombre, no tanto como propiedad, que la esclavitud es cosa muy antigua, sino como capacidad para auto modificarse y modificar a los demás, incluso como especie, en cualquiera de los estadíos de su desarrollo. Vivimos el imperio de la técnica, el del “querer del querer”.

Quizá lo más característico de la técnica, y de la actual tecnología, es la fabricación en serie de máquinas y artefactos industriales -incluso Drexler ha hablado de auto fabricación y/o replicación de nanodispositivos autoensamblables- y es precisamente ese aspecto de la técnica o de la tecnología el más prepotente, el más característico.

4. El olvido de lo que somos.

El Maestro Martín Heidegger vio en el predominio del sistema tecnocientífico (él hablaría de técnico) una consecuencia del olvido del ser. Todo olvido produce un vacío y aquello que está vacío tiende a ser colmado. Dado que ningún ente puede llenar este hueco, sólo queda la posibilidad de una ininterrumpida producción técnica que lo obvie.

En todas partes donde el ente nos parece deficiente –y todo parece deficiente para el insaciable querer del querer del hombre moderno- es necesario que se introduzca la técnica y, abusando de las materias primas que la Tierra-Patria (no tenemos otra y el concepto acuñado por Edgar Morín es magnífico, Tierra-Patria…) le ofrece, produzca en masa sucedáneos industriales o post-industriales (también afecta a los servicios que son consecuenciales) que alimenten nuestras voraces apetencias.

Y así se origina ese infernal círculo de producir para consumir y del consumir para producir que ha venido a ser el único acontecimiento verdaderamente notable del mundo actual que se aleja de si mismo para ser otra cosa, algo así como un no-mundo, paso previo a la desaparición del mundo.

La reflexión heideggeriana sobre la técnica que, debidamente actualizada asumimos, tiene un carácter particular por su referencia a su relación con el ser y su dialéctica de desocultación-ocultación o desvelamiento velado. Esto aparentemente tan difícil de entender… ¡es tan fácil cuando se capta e interioriza!

Pese a la simpatía que tengo por Jaspers, he de reconocer que la reflexión heideggeriana constituye una pieza más profunda que la de preguntarse por La bomba atómica y el futuro del hombre. La técnica pone en juego algo más que el futuro de buena parte humanidad sobre la Tierra por un hipotético holocausto nuclear.

Lo que la técnica, la tecnología o la tecnociencia ponen en juego hoy, es la esencia del hombre. Traduzcamos a términos filosóficos determinados proyectos de manipulación genética en el hombre: lo que ponen en juego es su esencia, el desvelamiento velado del ser, que al ser intervenido desde fuera, lo somete al peligro de una insidiosa y criminal deformación.

5. El lenguaje como esencia de la tecnología.

En el centro de la meditación de Heidegger y de la nuestra se halla la esencia de la tecnociencia; a ella le dedicamos buena parte de nuestro tiempo. Y creemos que hay una equivocación generalizada a la hora de prever de donde van a venir las respuestas. Obviamente, no vendrán del progreso que la tecnociencia genere, ni de avances de la misma tecnociencia, ni del análisis de lo que hace, ni de cómo se implementa, ni siquiera de la naturaleza íntima que compone la materia tecnológica, átomos y partículas incluidos…Todo ello son manifestaciones de la tecnociencia pero no su esencia. Sólo hay una posibilidad de acceder a la esencia de la tecnociencia y esta posibilidad reside en el lenguaje.

Si tornamos nuestra mirada a la Grecia clásica veremos que “tecnos” significa dos cosas. Por un lado, un modo de producción que englobaba a la vez al artista y al artesano. Por otro lado, es un modo de descubrimiento, de desvelamiento.

Gracias a la técnica algo se descubre y se hace patente. Naturalmente entre la tecnos griega y la moderna técnica o tecnología o si se quiere tecnociencia se yergue una enorme distancia. Ello no impide ver a Heidegger ver en la tecnología un retoño tardío de la técnica. Entre ambas, hay sin embargo una diferencia cuya raíz se encuentra en el modo de desvelamiento propio de la tecnología.

6. “Existencias y consumo”

Como todo modo de desvelamiento, la técnica incluye un peculiar comportamiento hacia el ente en su conjunto, del que depende la manera como el hombre se comprende a sí mismo y las cosas. La actitud de la técnica es provocativa. Observamos que la manera humana de comportarse ante el mundo ha cambiado de raíz; ya no toma el carácter de representación sino de imposición. Y lo más importante de todo: el estatuto de las cosas ha cambiado.

Ya estas cosas no son puros objetos de los que nos servimos; son Bestand, es decir “fondo”, “reservas”, “stocks” o “existencias” en el sentido de los zapatos dispuestos en una gran zapatería y el dependiente nos dice: no se preocupe, del modelo “Paris nuit” en rojo, en 37, tenemos suficientes “existencias”. Estas existencias están almacenadas, esperando su venta, su uso posterior y su desgaste físico o de imagen de forma que ya sean zapatos, corbatas, máquinas de afeitar coches o teléfonos móviles, en seguida se quedan “demodé” aunque estén en perfecto estado para su uso.

La única razón de ser de las existencias es ser vendidas y usadas. Tienen poca consistencia y vida efímera. Cuando se acumulan y no se gastan, se devalúan, se rebajan para acelerar su uso y consumo y… para quitarlas de en medio como sea. Casi todos los objetos-productos que nos rodean, obra del moderno sistema de la tecnociencia, son fungibles a corto plazo, en complicidad con el sistema económico basado especialmente en el consumo.

El mundo tiende a aparecerse ante nosotros, a desvelarse, como un enorme almacén de existencias.

Pero es que también le ha llegado el turno a la Tierra. El hombre abandonado a su imperio que es el del tener más, el del consumir, ha dispuesto de todo el planeta como existencia. Y así también aquí es pertinente hablar de existencias o de reservas, de cereales, petrolíferas, etc. Toda la Tierra es un inmenso almacén.

Pero este almacén tiene una peculiaridad: no todas sus existencias se pueden reponer mediante la acción continúa de la tecnociencia y su disposición inmoderada no permite su renovación a un coste razonable. Además, para empeorar la situación, la carencia de esos objetos a los que se ha recurrido no se renuevan o lo hacen muy lentamente y su carencia no sólo nos priva de ellos sino que nos altera, nos modifica el hábitat, la morada, nuestra forma de vida…el uso de inmoderado de los recursos nos conmueve, nos altera y nos da miedo…. ¿Podrá la tecnociencia salvarnos?

7. El hombre como recurso, contingente y capital.

Pero es que el asunto va más lejos, nosotros mismos no somos sino existencias en este mundo tecnocientífico. Fíjense: Hablamos de “recursos humanos” en vez de personal o personas, mucho más digno. La persona transformada en recurso y lo más grave, quien invento tal término está tan orgullosa de haber sustituido el viejo arcaico y despectivo término de personal –que viene de persona- y que se refiere a un colectivo de personas con unos aspectos comunes, por el de recursos, además humanos. Hemos pasado de persona a recurso. Vamos bien.

Veamos el ejército. Ya, salvo entre profesionales, que en general son muy buena gente y muy alejada de estos presupuestos mega consumistas, no se utilizan los bellos y precisos términos, devenidos en clásicos, de sección, compañía, batallón, regimiento, brigada, división…No, las televisiones, las que mandan, hablan de contingentes armados. Que palabra más fea para designar un grupo de bizarros y bizarras soldados y oficiales….

Aún más grave: de recurso, alcanzamos el estatuto máximo del mudo tecnocientífico-económico: somos capital humano, entiéndase bien, somos billetitos, monedas, no personas. Valemos porque sabemos, no sabemos porque “valemos”. El dicho general “esta chica vale mucho” se sustituye por “esta chica tiene un conocimiento cuyo valor de mercado es de 30.000 brutos”. Eso es lo que yo llamo tecnocapitalismo o turbocapitalismo que el turbo es un objeto tecnocientífico…

8. Lo humano como producto

Y aún mucho más grave…mediante el pago de su importe, que no por donación, acumulamos existencias de sangre, de semen, de óvulos….Los órganos, todavía, en su mayor parte, se donan altruísticamente. Pero no faltan ya noticias de quien vende un riñón, o lo que es peor lo venden sus padres o tutores, o…lo roban, drogando a la persona, extirpándoselo y dejándola tirada en parque…y se del caso.

El Hombre ha devenido en la materia prima más importante.

Bien, la naturaleza, el hombre mismo, ha devenido en recurso, en existencia, en almacén de fuerza, energia, vida…

La tecnociencia, incluso, va más allá: determina las expresiones culturales de nuestra época: lenguaje, pensamiento, arte.

Para expresar este conjunto de fenómenos, característicos o más bien definitorios de nuestra época técnica, Heidegger propone una palabra de difícil traducción, das Ge-stell, que podríamos en castellano, darle el significado de dis-positivo. En el alemán de la calle, das gestell, significa algo así como armazón, chasis, caballete, bastidor, etc.

Pues bien, en esta palabra, aparentemente insignificante, se encierra toda una evocación de un mundo en el que todo es susceptible de indefinida explotación y manipulación; pese a ello, en ese mundo, se realiza la esencia de la técnica.

Heidegger entiende la historia como un olvido paulatino del ser. En este mundo la técnica ocupa un lugar bien definido: representa el último drama de la metafísica en general. Este hecho se caracteriza por: la trasformación del mundo en me-mundo o no-mundo, por la devastación de la Tierra –la última expresión es el cambio climático- y la degradación de la persona al rango de recurso disponible y…reemplazable.

Aparentemente el Götterdamerung está servido. Pero no. El maestro de Alemania, como le ha llamado Safranski, nos decía que aún no había aparecido el verdadero peligro. Este reside en otro plano y escapa a las decisiones de los hombres de estado y las comisiones internacionales. Para identificar este peligro hay que reflexionar sobre el aspecto de desvelamiento que la técnica conlleva.

El hombre puede engañarse respecto de lo que saca del encubrimiento o de la ocultación e interpretarlo mal. El desvelamiento del ser es siempre ambivalente. En él reside para el hombre, a la vez, la máxima posibilidad y el máximo peligro. La técnica participa de esta ambivalencia: como todo modo de desvelamiento oculta en su seno el peligro y la salvación.

Deviene peligro siempre que el hombre, abandonándose a su imperio, trate a las cosas y a las personas como simples dispositivos, como meras “existencias”; es salvación desde el momento en que el hombre escucha a través de ella la llamada del ser: en este caso, además, la misma técnica puede convertirse en preludio del acontecimiento ¿Y por qué? Porque la auténtica actitud del hombre hacia la técnica se encuentra en das Gelassenheit, el desasimiento.

Sólo el hombre verdaderamente libre ante las cosas, precisamente porque está abierto a la llamada del ser, es capaz de evitar los peligros de la técnica, su faz demoníaca, y abrirse a sus beneficios e incluso reconocer en ella el misterio del desvelamiento.

9. “Allí donde hay mayor peligro reside también lo que salva”.

Decía Heidegger que lo mortal para el hombre no era la tan discutida bomba atómica, este especial artefacto destinado a producir la muerte. Lo que desde hace ya mucho tiempo, es una amenaza de muerte para el hombre, lo que arremete profundamente al hombre en su esencia, es ese absoluto de la mera voluntad en el sentido premeditado de imponerse en todo.

Lo que amenaza la esencia del hombre es la opinión “motu propio” de que mediante un pacífico “desatamiento” (literal) o liberación (expresión castellana más correcta), transformación, acumulación y re-dirección de las energías de la naturaleza, el hombre podría hacerse más soportable a su propia especie y vivir felizmente. Pero la paz que de tal pacífico proceso debía segregarse, no es más que la permanente inquietud de la furia del premeditado imponerse.

Lo que amenaza a hombre en su esencia es la opinión de que la imposición del proceso de producción puede realizarse sin peligro, con tal que, al mismo tiempo otros intereses conserven su valor. Es como si pudiera existir, para la relación esencial en la cual queda transferido el hombre, por la voluntad técnica, a la totalidad del ente, un retiro o guarida en un edificio contiguo, capaz de brindar algo más que una temporal evasión del autoengaño.

Lo que amenaza la esencia del hombre es la opinión de que la producción técnica pone orden en el mundo, mientras que precisamente este ordenar rebaja todo ordo, es decir, todo rango, a la uniformidad de la producción, y de esta manera destruye de antemano la esfera de un posible origen de la jerarquía y el reconocimiento en el ser.

El peligro no reside sólo en la Totalidad del querer, sino en el querer mismo en la forma del imponerse en un mundo admitido únicamente como voluntad. El querer voluntado de esta voluntad ya se ha decidido a un mandato incondicional, y con esta decisión queda ya sometido el querer a la organización total. Pero la técnica misma impide, ante todo, cualquier experiencia de su esencia, pues en tanto que ella se desarrolla plenamente, desenvuelve en las ciencias una forma de saber que le impide para siempre llegar a la esfera esencial de la técnica, menos aún llegar a un repensar (zurückzudenden) en su origen esencial .

Muy lentamente la esencia de la técnica llega a la luz del día, que es sólo una noche mundial retransformada en día técnico, día que es el más corto de todos, y con él nos amenaza un único e inacabable invierno. Ahora no sólo se rehúsa al hombre la protección, sino que lo inalterado de todo lo existente se sume en la oscuridad. Al sustraerse lo sano, queda enfermo el mundo. Y por consiguiente, no sólo lo santo, como el camino que conduce a la divinidad, queda escondido, sino que también el camino a la santidad, la salvación, aparece borrado para el ser.

Es posible que todavía haya mortales capaces de advertir la amenaza de la insalubridad en el insano, los cuales tendrán que percibir el peligro que puede afectar al hombre. Peligro que consiste en la amenaza respecto de la esencia del hombre en su relación con el ser mismo, y no en los accidentales riesgos. Este peligro es el que se esconde en el abismo de todo ente. Para advertir este peligro y mostrarlo, tienen tales mortales que estar prestos a alcanzar el abismo. Llegar a contemplarse como algo diferente y ser conscientes de ello.

«Pues donde está el peligro
crece también la salvación».
(Hölderling.)

Acaso toda otra salvación no provenga de donde está el peligro, mientras que se mantiene en el insano. Cualquier salvación mediante no importa qué bien intencionado recurso vulgar, sigue siendo, para el hombre amenazado en su esencia, por la duración de su destino, una inconsistente apariencia. La salvación debe provenir de allí donde el destino de los mortales cambia de esencia.

miércoles 19 Marzo 2008
Redactado por Javier Del Arco el miércoles 19 Marzo 2008 a las 09:26

Ser y Tecnología (I). Del análisis del riesgo a la esperanza de la salvación.