O Novo Paradigma “EVO-DEVO”

Publicado em Ciência, Sociedade às Maio 4, 2009 por Fernando Cortes Leal


La observación experimental en la segunda mitad del siglo XX ha ido confirmando algunos de los grandes capítulos de la Biología como: la teoría celular, la Bioquímica que comporta la comprensión de las reacciones metabólicas, la Bioenergética, la Ecología, la genética molecular, la epigenética. Últimamente ha emergido una nueva racionalidad sistémida de la vida, el paradigma explicativo Evo-Devo. La emergencia de este nuevo campo de investigación promete una nueva síntesis para la explicación de la evolución. La unión entre la teoría neodarwinista de la selección natural y la genética del desarrollo constituye la Biología evolutiva y del desarrollo, mejor conocida como «EVO-DEVO». Por Ignacio Núñez de Castro.

Desde Aristóteles hasta nuestros días los problemas para la comprensión de los seres vivos son recurrentes. Así, una nueva alianza entre la Biología y la Filosofía es necesaria en la búsqueda de las bases epistemológicas y ontológicas del estudio de la vida, tal como se explica en un anterior artículo. Se perfila así una racionalidad diferente del mecanicismo lineal post-cartesiano, cuyas matrices conceptuales serían: totalidad, sistema, proceso, teleología, jerarquización, complejidad, emergencia de novedad y la evolución que da sentido. La explicación del hecho histórico de la evolución ha pasado por diferentes paradigmas: darwinismo, neodarwinismo y últimamente la síntesis entre la evolución y el desarrollo epigenético, con el soporte experimental de la genómica y proteómica, ha alumbrado el programa de investigación interdisciplinar (conocido como EVO-DEVO).

Emergencia de novedad

La filosofía de la biología, la biofilosofía, muestra que la vida no es simplemente puro mundo físico. Lo viviente tiene sus raíces en lo físico. Pero representa una sorprendente “novedad emergente” que exige una nueva racionalidad explicativa. El holismo biológico supone un nivel de complejidad no visto en el mundo físico. El ser vivo como sistema y proceso jerarquizado teleológicamente dibuja una compleja organización que emerge novedosamente y que exige a la ciencia pasar a rigurosas preguntas filosóficas. Esta cuestión básica fue objeto de un primer análisis presentado en un artículo anterior de Tendencias Biofilosofía (I): complejidad holística y teleonomía. Ahora nos centramos en la temática quizá central de la Biofilosofía: el emergentismo y el sentido del nuevo paradigma evolutivo EVO-DEVO.

La correspondencia de Dobzhansky y Greene constituye un claro exponente de dos sensibilidades, la de un ortodoxo darwinista Greene y la de Dobzhansky que había sido impactado por la lectura de Teilhard de Chardin. La creatividad o emergencia de novedad y el progreso de las diferentes formas de vida son reclamados como legítimos por Dobzhansky para el discurso biológico. Las propiedades emergentes son las que surgen a un cierto nivel de complejidad, pero no se dan en niveles inferiores y brotan de las interrelaciones entre los elementos del sistema, aparecen a medida que sistema evoluciona con el tiempo y están siempre referidas a la totalidad.

Estas propiedades no pueden ser anticipadas o deducidas antes de que se hayan manifestado por sí mismas. La palabra emergencia y el verbo emerger son metáforas hoy día aceptadas. Para J. Monod, la emergencia es una propiedad paradójica y la define como «la propiedad de reproducir y multiplicar estructuras ordenadas sumamente complejas y permitir la creación evolutiva de estructuras de complejidad creciente».

El paradigma emergentista supone que toda la realidad es dinámica en continuo cambio y desarrollo. Zubiri crítica el término, puesto que emerge lo que de alguna manera estaba sumergido; las islas que emergen en el mar están sumergidas antes que una elevación del terreno las haga a aparecer a la vista. Zubiri prefiere el termino brotar, aunque también podemos decir que brota el agua en la fuente, porque está en el venero. Sin embargo, la emergencia de novedad tiene un contenido semántico concreto y definido en la Biofilosofía actual. Los emergentistas, cuyo eslogan podría ser: «más es diferente», tienen una mirada muy distinta a los reduccionistas de nuevo cuño, para los cuales el todo puede explicarse por la suma de sus partes y la imagen del todo representa con fidelidad los constituyentes básicos.

John Polkinghorne afirma: «La emergencia tiene fuerte correspondencia, en cambio, a un caso en el que un nuevo principio causal -de una clase distintiva no presente en niveles de complejidad inferiores- cobra actividad en un sistema complejo -entonces “más” sería radicalmente “diferente”». Ejemplos de emergencia se dan tanto en el microcosmos como en el macrocosmos. Las propiedades de los hadrones no son las propiedades de los quarks; las características de los átomos no son deducibles de las partículas elementales, ni las propiedades de las moléculas de las de sus átomos. «En Biología y Bioquímica, la emergencia cubre los dominios desde los átomos hasta los organismos. Algunos de los grandes periodos de la historia natural pueden describir niveles de emergencia: la aparición de la vida, la aparición de la experiencia sensorial, de la conciencia y de la reflexión moral».

Vida en la Antártida. Parque de las Ciencias de Granada. 
Nuevo impulso

El debate sobre la emergencia ha cobrado nuevo impulso con la reciente obra de Philip Clayton Mind and emergence from quantum to consciousness. Clayton desarrolla un argumento complejo y polifacético para una visión del mundo basada en la llamada emergencia fuerte: sistemas nuevos y complejos pueden llegar a la existencia con sus propios mecanismos causales. Clayton admite que este concepto nuevo de emergencia supone los siguientes elementos: un monismo ontológico no fisicalista, la aparición de nuevas propiedades, la irreductibilidad de lo emergente a niveles más bajos y por último la influencia causal del todo sobre las partes, la llamada downward causation. Clayton defiende en su libro la emergencia fuerte frente a la insuficiencia tanto del reduccionismo fisicalista como del dualismo vitalista. El mundo muestra cada vez niveles de organización distintos, donde cada nivel se caracteriza por un tipo irreducible de explicación causal.

El emergentismo no monista, como mediación filosófica, ha sido, aceptado también por una serie de teólogos cristianos. Sin duda alguna, ha sido Juan Luis Ruiz de la Peña el teólogo de lengua española que mejor se caracteriza como representante del modelo emergentista. La tríada de teólogos anglosajones, I. G. Barbour, J. Polkinghorne y A. Peacocke coinciden, según Amo Usanos, «en una serie de afirmaciones sobre la valencia del emergentismo en la explicación de la fe cristiana y en unas fuentes que son similares entre sí; lo que permite hablar de emergentismo cristiano».

Decíamos anteriormente que uno de los pilares conceptuales de lo que Javier Monserrat llama el «macroconstructo explicativo» emergentista, que abarca toda la realidad, es la llamada downward causation (topdown causation) o causalidad descendente. Este tipo de causalidad supone la acción causal de una estructura emergente, el todo, sobre sus elementos constituyentes y «es a menudo usado para describir una familiar y perfectamente coherente relación entre las actividades de la totalidad y la conducta de sus componentes».

Así por ejemplo, según Monserrat: «el sujeto activo, por tanto, causado por mecanismos sistémicos, se constituye en un hecho real nuevo, que a su vez, puede influir causalmente en los mecanismos sistémicos que producen la conciencia, sus procesos y la emisión de sus conductas»; este bucle causal representa el modo de interconexión entre el hecho real de la conciencia y el hecho de los mecanismos sistémicos que la producen.

La evolución que da sentido

«Nada tiene sentido en Biología si no es visto a través del prisma de la evolución», este es el dicho clásico, tantas veces repetido, de Theodosius Dobzhansky. Es interesante caer en la cuenta que el mismo Darwin no utilizó el término «evolución» hasta la sexta edición de 1869 del «Origen de las especies». Gilson cree que Darwin huyó en las primeras ediciones de la palabra evolución un tanto desprestigiada por los preformistas contemporáneos, como Charles Bonnet de Ginebra autor de la obra Palingenesia Philosophica.

Sin embargo, después de la lectura del filósofo Herbert Spencer, quien concibió una interpretación general de la realidad a base del principio de evolución, (evolución que para Spencer era puramente mecánica en la que toda finalidad quedaba excluida por el principio de conservación de la energía), Darwin en la sexta edición acepta el término y en el último Capítulo afirma: «Antaño hablé a muchos naturalistas del asunto de la evolución, y nunca encontré una acogida simpática. Es probable que algunos creyesen entonces en la evolución; pero guardaban silencio o se expresaban tan ambiguamente que no era fácil comprender su pensamiento. Actualmente, las cosas han cambiado por completo, y casi todos los naturalistas admiten el gran principio de la evolución».

Una vez aceptado el término, la evolución se ha convertido en una especie de principio general explicativo en Biología. Hoy día, salvada la minoría de algunos fundamentalistas creacionistas, el hecho histórico de la evolución no es motivo de debate y no merece la pena emplear tiempo ni espacio en este trabajo en su discusión. Solamente quisiera clarificar un punto, que a pesar de su simplicidad, parece que aún no está claro en algunos debates.

El evolucionismo como doctrina se opone, desde el punto de vista conceptual, únicamente al fixismo de las especies; sin embargo, no existe ninguna oposición conceptual entre evolución y creación. La creación es un término técnico, bará en hebreo (siempre tiene a Dios por sujeto), ktísis en griego y creatio en latín, y está siempre referido a la radical fundamentación del ser; la creatio ex nihilo no puede entrar, por tanto, a formar parte de ningún discurso científico.

La misma recepción temprana del pensamiento evolucionista por parte de algunos científicos y filósofos cristianos confirman lo que acabamos de enunciar. Muy pronto (1904) el entomólogo jesuita Erich Wasmann en su trabajo Biología moderna y teoría evolucionista no sólo aceptó y defendió la doctrina general de la evolución sino que admitió también que probablemente se le podía aplicar al hombre. Hoy, pues, podemos afirmar que existe un consenso en aceptar la evolución biológica como un hecho real histórico, que tiene la certeza de los acontecimientos históricos; hecho que pertenece a la Historia natural, como fue un hecho real de la historia humana la caída del Imperio romano o la batalla de Lepanto.

Entre las diferentes teorías de explicación del hecho evolutivo se destacan dos grandes grupos: lamarckismo y darwinismo. Los caracteres adquiridos, según Lamarck, se transmiten a la descendencia. Tempranamente el lamarckismo fue refutado experimentalmente por el pariente de Darwin, Francis Galton, mediante transfusiones de sangre entre conejos (que no cambiaban el color de la piel de los descendientes) y más tarde August Weismann, cortó la cola a decenas de generaciones de ratones sin por ello conseguir ratones con colas más cortas.

El darwinismo clásico, la herencia inmediata de Darwin, se basaba en los siguientes principios:

• El número de individuos de las distintas especies permanece más o menos constante en la naturaleza.
• La capacidad reproductiva de animales y plantas es muy superior a la necesaria para conservar ese número de individuos constantes.
• Hay una alta mortalidad expresión de la lucha por la existencia.
• Los individuos de las especies no son idénticos sino que muestran una gran variabilidad.
• Los cambios son hereditarios y en la lucha por la vida permanecen las variaciones más favorables.
• Los cambios acumulados en generaciones imponen un cambio gradual de las especies conducentes a una mejor adaptación a las condiciones del entorno ambiental.
• Cuando estas condiciones varían en distintos lugares las sucesivas generaciones no sólo devendrán distintas de sus padres, sino distintas unas de otras.

Concepto cuestionable

A pesar de ser coetáneos Mendel y Darwin, no tenemos constancia de que Darwin conociera los escritos de Mendel, los cuales parece que no tuvieron mucha difusión a pesar de aparecer referidos en la novena edición de la Enciclopedia Británica.

Igualmente, hace unos años el historiador Andrés Galera, al preguntarse si Darwin conocía los escritos del fraile agustino, que había descubierto que los caracteres son discretos y segregables, respondía: «Resulta improbable que al final de su vida, falleció en 1882, Darwin no tuviese noticias de su trabajo, pero el hecho es ya poco relevante, incluso anecdótico, serán otros los encargados de incorporar las leyes mendelianas al ideario evolucionista». Estos factores hereditarios recibieron más tarde el nombre de «genes». En la genética clásica, un gen era un concepto abstracto –una unidad de herencia que transfiere una característica de padres a hijos.

Cuando estamos tratando sobre el estado de la cuestión en Biofilosofía resulta curioso notar que en la era de la genómica el mismo concepto de gen sea aún cuestionable. Es propio del discurso científico usar términos unívocos y huir de la polisemia. El término proveniente del griego «gene» fue introducido por Wilhelm Johannses en 1909.

El Diccionario Inglés de Oxford define el gen como: «Cada una de las unidades de la herencia que son transmisibles por los progenitores a su descendencia en los gametos, usualmente como parte de un cromosoma, y controlan y determinan una característica singular en la descendencia». Definición que cae dentro del campo semántico de la genética clásica. Recientemente se ha hablado de hasta dieciocho definiciones de gen.

A pesar de que el concepto de gen no es unívoco para los representantes de las diferentes ramas de la Biología, después del redescubrimiento de Mendel a principios del siglo XX por H. M. de Vries, C. Correns y E. von Tschermak, la Genética clásica dio lugar a lugar a la teoría mutacionista para explicar el origen de la novedad. En los años treinta del siglo pasado tuvo lugar la síntesis entre el darwinismo y el concepto de mutación genética dando lugar al neodarwinismo.

La evolución es explicada por cambios genéticos de poblaciones debido a las mutaciones y el principio de selección natural. Según el neodarwinismo:

• Se conserva el gradualismo. La evolución es concebida como un proceso lento sin cambios, que explicaría tanto la anagénesis como la cladogénesis.
• El fenotipo es siempre una manifestación del genotipo. El grado de diferencia morfológica es proporcional al grado de diferencia genética.
• El desarrollo del individuo desde la etapa embrionaria al adulto, no aporta ningún conocimiento especial, lo que ponía en cuestión la ley biogenética de Haeckel.

El nuevo paradigma evolutivo: Evo-Devo

Después de varias décadas de predominancia del paradigma neodarwinista, algunos biólogos han vuelto a la regulación del desarrollo embrionario para explicar la evolución. La «epigénesis» aristotélica, desprestigiada por los preformistas del siglo XIX, fue recogida por Conrad H. Waddington con una nueva formulación. «Hace algunos años introduje la palabra, “epigenética”, derivada del término aristotélico “epigénesis”, y que ha caído más o menos en desuso, como una rama de la Biología que estudia las interacciones causales entre los genes y sus productos, interacciones que dan el ser al fenotipo». Mediante el desarrollo epigenético el organismo irá diferenciándose en respuesta a las señales recibidas, que pueden ser: autocrinas, paracrinas, endocrinas y exocrinas.

La epigénesis representa, por tanto, el proceso mediante el cual el organismo se va adaptando a su entorno y expresando su programa inscrito en el DNA a partir de sus propias capacidades. La concepción epigenética comporta la afirmación de que la regulación fisiológica y la misma evolución no residen tanto en el genoma, sino en las redes interactivas que organizan las respuestas. «Las mutaciones, si afectan a genes cuya función reside en organizar las primeras etapas del desarrollo, pueden dar lugar a cambios radicales en las formas».

El desarrollo de la genómica de los últimos años ha confirmado la intuición primaria de Waddington. El genoma del chimpancé, comparado con el genoma humano, varía solamente un 1.06% dentro de los segmentos del DNA codificantes de proteínas, pero las diferencias claves yacen en los cambios sutiles de los patrones de expresión génica implicados en el desarrollo y en la especificación e interconexiones dentro del sistema nervioso.

Nueva síntesis para explicar la evolución

Como es frecuente que acontezca, a veces, las intuiciones que llevan a cambios de paradigma, se suelen adelantar en el tiempo y fue a partir de los años ochenta del siglo pasado cuando una nueva visión de la evolución tiene lugar. La emergencia de este nuevo campo de investigación promete una nueva síntesis para la explicación de la evolución. La unión entre la teoría neodarwinista de la selección natural y la genética del desarrollo constituye la Biología evolutiva y del desarrollo, mejor conocida como «EVO-DEVO».

Este nuevo paradigma «trata de descubrir, bajo un paraguas conceptual que abarque todo, las reglas y los mecanismos que la evolución ha llevado a cabo a lo largo del tiempo para generar en el pasado y en el presente la biodiversidad».

En un reciente artículo, el biofilósofo Michael Ruse dice, de una manera muy gráfica, que Evo-Devo sería el campo de investigación que le gustaría elegir como materia de su Tesis doctoral, si tuviera que hacerla ahora en el año 2005, (él la hizo cuarenta años antes en 1965).

Michael Ruse encuentra que Evo-Devo plantea los siguientes problemas filosóficos: en primer lugar, desde la síntesis de los años treinta el paradigma neodarwinista dominante había sido la selección natural (über alles). ¿Está amenazado el darwinismo por Evo-Devo, puesto que pone el énfasis en el desarrollo? Ruse piensa que si Darwin viviera estaría entusiasmado y que Evo-Devo completa la selección natural y que no la contradice.

En segundo lugar, hay una apasionante conexión entre Evo-Devo y la Paleontología; Stephen Gould lo ha aclarado en su obra The structure of evulotionary theory. Los primeros trabajos de Gould y su teoría de los equilibrios interrumpidos (punctuated equilibria) pusieron de manifiesto que los registros fósiles mostraban poblaciones poco variables a lo largo del tiempo con episodios de rápida aparición de nuevas formas, lo que de alguna manera contradecía el gradualismo, componente esencial del darwinismo. Según Ruse se plantea un nuevo debate donde los científicos y los filósofos deben trabajar conjuntamente; para la Paleontología debe ser una gran ayuda la discusión filosófica sobre la relación entre los fósiles y la Embriología.

Desafíos y oportunidades

Finalmente, se plantea la cuestión: ¿qué puede significar Evo-Devo para la evolución humana? Según Ruse, Evo-Devo plantea problemas muy interesantes acerca de la comprensión del cuerpo humano. Si duda ninguna, conforme la genómica y la proteómica comparada vayan avanzando en los próximos años, habrá descubrimientos muy importantes y merece la pena que los filósofos estén atentos. «Yo soy un darvinista de línea dura. Pero los puros darvinistas conocen que las nuevas ideas son desafíos y oportunidades, no barreras o impedimentos», dice Ruse.

La revista Biology and Philosophy editó en el año 2003 un número especial dedicado al desarrollo del nuevo paradigma Evo-Devo. Los títulos de algunos de los artículos: «Desbloqueando la caja negra entre genotipo y fenotipo», «El camino a partir de Haeckel», «Morfología evolutiva, innovación y la síntesis de la Biología evolutiva y del desarrollo», «Cómo el desarrollo puede dirigir la evolución», pueden ayudarnos a comprender cómo se ha fraguado la nueva teoría y los problemas que suscita.

En efecto, los estudios comparativos de los mecanismos del desarrollo (incluyendo los mecanismos genéticos), que pueden ser llevados a cabo a través de los taxones, hacen posible la reconstrucción fidedigna y detallada de los procesos de desarrollo y abren una esperanza para que los modelos teóricos del desarrollo puedan ser integrados en los modelos de la evolución. La Reunión de Dahlem (1981) puede considerarse como el comienzo de este programa de investigación.

Después de Dahlem, W. Arthur publicó en 1984 la obra: A combined genetic, developmental and ecological approach, la cual constituye un intento de comprensión simultánea de la evolución desde la triple perspectiva: genética, ecológica y desde el desarrollo. Desde mediados de los noventa, una serie de libros de texto, sugieren que el nuevo paradigma de explicación de la evolución ha entrado en un periodo de ciencia normal según la terminología de Thomas S. Kuhn; el paradigma neodarwinista explicaría muy bien la microevolución y el nuevo paradigma Evo-Devo la macroevolución.

Enseguida una serie de biofilósofos se han hecho eco de los problemas planteados. Estos problemas serían: a) ¿se ha logrado verdaderamente una síntesis conceptual?, b) ¿cuál es el estatuto de la genética del desarrollo?, c) Evo-Devo presenta un desafío a la teoría evolutiva que estaba basada fundamentalmente en la genética de poblaciones y, por ello, se tendrán que revisar las concepciones usuales de la evolución. El programa de investigación requiere una exploración de las implicaciones del desarrollo ontogenético sobre la evolución y cuáles pueden ser los sesgos en el futuro.

Conclusión

La observación experimental en la segunda mitad del siglo XX ha ido confirmando algunos de los grandes capítulos de la Biología como: la teoría celular, la Bioquímica que comporta la comprensión de las reacciones metabólicas, la Bioenergética, la Ecología, la genética molecular, la epigenética. Últimamente el paradigma explicativo Evo-Devo se perfila como una nueva síntesis de explicación del hecho histórico de la evolución.

La reflexión filosófica sobre los problemas, que la comprensión de los organismos vivos plantea, ha sido una constante recurrente en el pensamiento filosófico desde Aristóteles hasta nuestros días en la búsqueda de las bases epistemológicas que nos conduzcan a una ontología del organismo viviente. Se perfila, así, una racionalidad, un lógos para bíos, diferente de la racionalidad lineal mecanicista, en la que no es posible un reduccionismo epistemológico, puesto que la metodología y el discurso de las ciencias físicas y químicas es incapaz de abarcar los fenómenos de gran complejidad, donde aparecen propiedades emergentes en el todo y donde acontece también una influencia causal del todo sobre los elementos estructurales y funcionales del sistema.

La investigación de una totalidad organizada, como la que define el ser vivo más elemental, un procarionte, necesita una serie de categorías o matrices conceptuales que definen los sistemas jerarquizados con finalidad interna, en los que tiene lugar una evolución en el desarrollo individual (ontogénesis) y el despliegue en el tiempo de la biodiversidad (filogénesis).

Si es verdad que nada tiene sentido en Biología sino a la luz de la evolución, una comprensión del hecho histórico, teniendo en cuenta los datos experimentales de la Paleontología y de la Biología experimental, la genómica y la proteómica comparada, así como la Genética del desarrollo, es decir todo lo que queda albergado bajo el paraguas del nuevo paradigma Evo-devo, nos llevará a situar a la Biología, como una ciencia autónoma, que necesita ciencias auxiliares como son la Física y la Química, como metodologías experimentales de estudio de los fenómenos fisiológicos, pero muy lejos del pretendido reduccionismo positivista.

Ignacio Nuñez de Castro, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular, Universidad de Málaga.

Fonte: http://www.tendencias21.net/Emerge-una-nueva-racionalidad-sistemica-de-la-vida_a3221.html

 

Viaje en el tiempo (Time trip) (Subtitulado)

Publicado em Uncategorized às Abril 19, 2009 por Fernando Cortes Leal

[4] Horizon – Viaje en el tiempo (Time trip) (Subtitulado)

[3] Horizon – Viaje en el tiempo (Time trip) (Subtitulado)

[2] Horizon – Viaje en el tiempo (Time trip) (Subtitulado)

[1] Horizon – Viaje en el tiempo (Time trip) (Subtitulado)

Confirman que el poder de la imaginación es real

Publicado em Uncategorized às Abril 19, 2009 por Fernando Cortes Leal

La mera visualización de una postura condiciona las respuestas del cuerpo tanto como la postura física realmente adoptada.

Científicos de la Universidad de Washington han constatado empíricamente, por vez primera, el efecto de la imaginación sobre la realidad. A dieciséis personas se les pidió que buscaran en la pantalla de un ordenador una letra y que señalaran cuándo la habían encontrado imaginando al mismo tiempo una de estas dos posturas: sus manos cercanas a la pantalla o sus manos situadas a la espalda. Los resultados del experimento demostraron que la mera visualización de una postura condiciona las respuestas del cuerpo tanto como la postura física realmente adoptada. Los científicos señalan que esto demuestra que la imaginación tiene la extraordinaria capacidad de dar forma a la realidad.



Wordplus
Los psicólogos Christopher Davoli y Richard Abrams, de la Universidad de Washington en Saint Louis, Estados Unidos, han demostrado empíricamente, por vez primera, que el poder de la imaginación es un poder real.

Según informa la Association for Psychological Science de EE.UU. en un comunicado, de esta investigación se desprende que la imaginación es más eficiente de lo que creemos a la hora de ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos.

En un artículo publicado al respecto en la revista Psychological Science, se explica que en un estudio realizado por el propio Davoli en 2007, se había constatado ya que los objetos situados cerca de las manos los analizamos visualmente con mayor intensidad.

En dicho estudio, los participantes debieron colocar sus manos cerca de determinados objetos físicos para comprobar el análisis visual y la eficacia de las respuestas del cuerpo hacia dichos objetos. Se comprobó que la rapidez de la respuesta del cuerpo a los objetos dependía de la cercanía o lejanía de las manos de los objetos analizados: si las manos están cerca del objeto analizado, la reacción corporal tarda más que si las manos están alejadas del citado objeto. Se cree que esto se debe a la importancia de la representación visual para poder asir o evitar los objetos cercanos a nuestras manos.

En la nueva investigación de Davoli, sin embargo, las posturas de las manos –más lejos o más cerca de los objetos- no se adoptaron físicamente, sino sólo con la imaginación. Sin embargo, a pesar de esta significativa diferencia respecto del primer experimento, los resultados no variaron, lo que según estos investigadores significa que imaginar una postura da los mismos resultados que adoptarla realmente.

Tarea visual e imaginación

En las pruebas de esta última investigación participaron dieciséis estudiantes que, en primer lugar, se ejercitaron en la práctica de imaginar movimientos. Posteriormente, todos ejecutaron una tarea visual a través de un ordenador, al tiempo que imaginaban sus manos en dos posiciones diferentes.

En un momento del experimento, las manos se las imaginaban situadas alrededor del monitor, como si los participantes fueran a abrazar la pantalla con ambas manos (postura cercana), y en otro momento del experimento, se imaginaban que sus manos estaban colocadas a su espalda (postura alejada).

La tarea visual consistía en buscar, en la pantalla del ordenador, una letra-objetivo (H o S) que se encontraba confundida en conjuntos de tres o siete letras de distracción. A continuación debían avisar, con la mayor rapidez posible, que la habían encontrado pulsando una tecla.

Antes de realizar este ejercicio, en la pantalla del ordenador aparecía un aviso de tres segundos de duración que indicaba a los participantes cuál de las dos posturas de las manos debían imaginarse durante la tarea visual explicada.

Sin embargo, aunque se imaginaran las manos intentando abrazar la pantalla del ordenador o situadas a sus espaldas, las manos permanecían –en realidad- junto al teclado durante todo el experimento. En total fueron realizados dos bloques de 64 pruebas.

Dar forma a la realidad

Los resultados demostraron que la mera imaginación de una de las dos posturas afectaba a la velocidad de respuesta de una forma muy similar a la obtenida en los estudios previos, con posturas de las manos realmente efectuadas, no imaginadas.

Así, los participantes de esta segunda investigación pasaban más tiempo buscando la letra-objetivo cuando se imaginaban sujetando el monitor, en comparación con cuando se imaginaban a sí mismos con las manos a la espalda.

Los investigadores sugieren que la mayor lentitud en las búsquedas de la letra objetivo indica un análisis más minucioso de los objetos que están cercanos a las manos, aunque esta postura sea sólo imaginaria. De esta forma, se repitieron los resultados de la citada investigación anterior, en la que los participantes invirtieron más tiempo en observar objetos cercanos a sus manos que en observar objetos realmente alejados de éstas.

Los científicos señalan que este hallazgo indica que nuestro espacio “peripersonal” puede extenderse al espacio de la imaginación. El espacio peripersonal es el que está situado alrededor de nuestro cuerpo, y es descrito por los autores de esta investigación como “una “burbuja” invisible que se extiende varios centímetros a partir de la piel en todas las direcciones”.

Esta capacidad, señalan los investigadores, presenta algunas ventajas, como la posibilidad de determinar, antes de realizarla, si una acción es o no realista (por ejemplo, ¿puedo llegar a la estantería más alta?) o para ayudarnos a evitar algunos choques.

Los autores del estudio concluyen que los resultados confirman una idea que ha sido expuesta durante mucho tiempo por expertos en motivación, psicólogos deportivos, e incluso por John Lennon: que la imaginación tiene la extraordinaria capacidad de dar forma a la realidad.

Algo que conocen muy bien, por ejemplo, los deportistas, que utilizan la visualización mental para ayudarse a mecanizar, a automatizar los gestos deportivos y a reforzar sus aptitudes, mejorando sus propias destrezas deportivas.



Sábado 18 Abril 2009

Yaiza Martínez

O Universo é um computador?

Publicado em Uncategorized às Abril 19, 2009 por Fernando Cortes Leal

O Universo é um computador?

Tudo
o que conhecemos não passa do processamento de uma imensa máquina que
cospe a realidade. Pelo menos é o que diz o cientista Seth Lloyd


FUTURO Estudantes australianos observam aparelho
de pesquisas. Nenhum laboratório conseguiu ainda obter um protótipo
de computador quântico

Desta vez não é nem um astrofísico nem um cosmólogo quem se aventura
a explicar a origem do Universo. É um especialista em computadores:
Seth Lloyd, professor de Engenharia Mecânica do Massachusetts Institute
of Technology (MIT), um dos maiores centros mundiais de pesquisa científica.
Ele afirma que todo o cosmo, da galáxia em espiral na foto acima às
moléculas de poeira na ponta da chuteira do Ronaldinho, faz parte de
– acredite – um gigantesco e complexo computador.

Esse processador descomunal é alimentado, segundo Lloyd, por cada pequeno
evento físico, em qualquer quebrada obscura do Universo, desde o início
dos tempos há 13,7 bilhões de anos. E o que essa máquina cósmica cospe
como resultado final é a própria realidade. Não se trata de uma comparação
ou metáfora. Lloyd não afirma que o Universo “se parece com” ou “funciona
como” um computador. Para ele, o Universo “é” um computador.

Claro que Lloyd não se refere a um computador tradicional, feito com
chips de silício e impulsos elétricos. Trata-se de uma máquina que explora
algumas singularidades das partículas fundamentais que constituem a
matéria e, por isso, é conhecida como computador quântico. O próprio
Lloyd é um especialista nesse tipo nascente de computação. Foi ao pesquisar
a física básica necessária para montar essas máquinas que ele esboçou
sua teoria, descrita em seu livro Programming the Universe (Programando
o Universo), recém-lançado nos Estados Unidos.

Suas idéias lembram o filme Matrix. O mundo que vemos, segundo o filme,
é apenas um ambiente virtual montado por computadores, uma imensa máquina
que nos ilude o tempo todo. Só agimos dentro desse mundo virtual porque
estamos plugados a ele. Na versão do cinema, porém, o mundo real existe.
E acordamos para ele quando tiramos os plugues. A versão de Lloyd é
bem mais radical. “No Matrix, o que você vê é falso, é uma simulação.
Mas nosso Universo é uma simulação tão exata que é indistinguível do
real”, afirma Lloyd. “Átomos e moléculas são bits. A linguagem da máquina
são as leis da física.”

A idéia radical de Lloyd não está amparada por nenhuma evidência científica.
Mas ajuda a desvendar um dos maiores mistérios da física: por que o
tempo flui apenas em um único sentido, rumo à maior entropia, termo
criado pelo físico alemão Rudolf Clausius para definir a quantidade
de informação – ou complexidade – de um sistema.

#Q:O Universo é um computador? – continuação:#

LUZ Pesquisadora russa em Novosibirsk produz
cristais que podem ser usados na produção de computadores quânticos

Para explicar essa idéia, pense em um baralho. As cartas vêm da fábrica
organizadas. Com duas informações, o naipe e a hierarquia da carta,
é possível achar qualquer uma no baralho. Mas, se as cartas forem embaralhadas,
o sistema ganha desordem e complexidade. Para encontrar uma carta, será
preciso examinar uma a uma. Agora, elas estão em uma seqüência específica
entre 1.068 possibilidades, portanto há muito mais informação no baralho.
Pois, segundo Lloyd, é isso que acontece no Universo quando uma fruta
apodrece na terra e suas moléculas, antes ordenadas, se embaralham no
solo. Lloyd afirma que todas as novas informações fornecidas pela podridão
da fruta são equivalentes ao fluxo de dados que alimenta o colossal
computador chamado Universo. Como esse computador sempre processa dados,
o Universo sempre terá mais informação, portanto o tempo anda para a
frente.

Para Lloyd, apenas um computador quântico seria capaz de processar
as incertezas da dinâmica no Universo. Os computadores comuns processam
a informação na forma de dígitos binários, conhecidos como bits. Os
resultados são previsíveis, pois 1 bit pode valer “0″ ou “1″. Só que,
enquanto um computador tradicional fornece apenas respostas do tipo
“sim” ou “não”, uma máquina quântica poderia oferecer as diferentes
probabilidades de que um resultado seja “sim” ou “não”. Essa incerteza,
de acordo com Lloyd, está mais próxima do comportamento das partículas
subatômicas que fazem o Universo.

Vários laboratórios do mundo estão pesquisando como construir computadores
desse tipo. Teoricamente, eles podem multiplicar o poder de cálculo
das máquinas. No jargão da computação quântica, em vez de 1 bit, o processamento
seria feito por meio de unidades chamadas qubits, que podem carregar
mais de uma informação. Feitos com partículas fundamentais da matéria,
os qubits poderiam ser usados em mais de um cálculo ao mesmo tempo.
Um computador com 2 qubits poderia, por exemplo, rodar quatro operações
simultâneas. Com 1.000 qubits, um processador quântico poderia fazer
mais cálculos do que o número de partículas no Universo.

Processadores quânticos podem ser o único
jeito de continuar miniaturizando
os computadores

Apesar do potencial, nenhum laboratório conseguiu produzir ainda um
protótipo de computador quântico. Uma das dificuldades é isolar partículas
que possam funcionar como qubits. Uma equipe da Universidade de Oxford,
na Inglaterra, conseguiu manter um único qubit durante 500 bilionésimos
de segundo, tempo insuficiente para realizar qualquer operação matemática.
Agora, os pesquisadores tentam segurar o átomo mais tempo. Cientistas
da Hitachi, em Cambridge, na Inglaterra, foram mais longe. Fabricaram
um tipo de circuito em que elétrons se comportam como qubits. “É possível
fazer isso usando processos tradicionais de fabricação de chips”, afirma
David Williams, coordenador do estudo. Mas ele ainda não conseguiu nada
que possa rodar um programa.

As tentativas mais ousadas para chegar ao computador quântico usam
materiais mais inovadores. Vários pesquisadores apostam em um tipo de
matéria descoberto há apenas dez anos, chamado condensado de Bose-Einstein.
As pesquisas ainda estão em estágio inicial, mas devem ser vitais para
o futuro da indústria eletrônica dentro de 15 anos. No ritmo atual de
miniaturização, os fabricantes de chips terão de fazê-los com outro
material. O caminho natural parece apontar para as partículas quânticas.
E um dia pode-se chegar, se as teorias de Seth Lloyd tiverem algum sentido,
até à criação de universos artificiais como o do filme Matrix.

La sociedad se colapsa porque hemos olvidado cómo jugar

Publicado em Uncategorized às Abril 19, 2009 por Fernando Cortes Leal

El juego libre es esencial para los niños porque fomenta la cooperación y la no-competitividad


Los humanos de las sociedades cazadoras y recolectoras desarrollaron el juego para propiciar las sociedades cooperativas, señala un psicólogo norteamericano. Este hecho tendría consecuencias para nuestra sociedad actual, en la que los niños pasan su tiempo de ocio viendo la televisión, jugando a los videojuegos o en actividades extraescolares. Los niños necesitan volver al juego libre, auto-organizado, no competitivo y sin supervisión adulta para que puedan convertirse en adultos con capacidad de empatizar y de colaborar, advierte el investigador. El fruto del abandono del juego se ve en las acciones egoístas que han llevado a un colapso económico, afirma, que son síntoma de una sociedad que ha olvidado cómo jugar y aprender a ponerse en el lugar de los otros. Por Yaiza Martínez.



La sociedad se colapsa porque hemos olvidado cómo jugar
Una nueva teoría sobre adaptaciones tempranas de los humanos sugiere que nuestros ancestros desarrollaron la capacidad de jugar para propiciar el desarrollo de una forma de vida muy cooperativa.

Según un psicólogo del Boston College de Estados Unidos, llamado Peter Gray, el uso del juego en los humanos antiguos habría ayudado a vencer las tendencias de agresión y de dominio que habrían hecho imposible una sociedad cooperadora. El juego se ha mantenido en nuestra especie como herramienta de cohesión social desde entonces hasta la actualidad… o casi.

Gray explica en un comunicado emitido por el Boston College que “el juego y el humor no son sólo formas de divertirnos sino que sirven para promover las actitudes igualitarias, intensificar la coparticipación, y en su momento ayudaron a los humanos cazadores-recolectores a conseguir la paz social de la que dependían para sobrevivir”.

El juego ideal

En un artículo aparecido en la revista especializada American Journal of Play, Gray señala que los humanos de aquella época utilizaban el humor, de manera deliberada, para mantener la igualdad y evitar los altercados. Incluso sus leyes y rituales tenían cualidades similares a las del juego.

En la actualidad, sin embargo, las actividades lúdicas que permiten contrarrestar la avaricia o la arrogancia, y que promueven la empatía se han perdido en gran medida. Según Gray, no sería exagerado “sugerir que las acciones egoístas que han propiciado el colapso económico reciente son, en parte, síntomas de una sociedad que ha olvidado cómo jugar”.

El interés por el juego cada vez es mayor entre psicólogos, educadores y el público general porque “la gente está empezando a darse cuenta de que hemos ido muy lejos en la dirección de enseñar a los niños únicamente a competir”, afirmó el psicólogo.

Y continuó: “hemos privado a los niños de las formas normales, no-competitivas, del juego social, que tan esencial resulta para el desarrollo del sentido de igualdad, de conexión y de empatía”.

Juego libre

Gray afirma que el tipo de “juego” que en su momento ayudó a desarrollar estas cualidades a los niños de nuestros ancestros sería aquél que es libremente escogido, que mezcla edades, que no está organizado por los adultos y que no es competitivo. Este “juego libre” es muy diferente a los entretenimientos actuales de los niños: videojuegos, ver la televisión o actividades extraescolares y deportes.

Por otro lado, la presencia habitual de adultos supervisores y observadores en los juegos infantiles hace que los niños se pongan en una disposición competitiva. De esta forma se pierden las ventajas que otorgan los juegos auto-organizados: con ellos los niños aprenden a llevarse bien con personas diversas, a comprometerse y a anticipar y conocer las necesidades de los demás (para que otros quieran seguir jugando contigo, por ejemplo, debes ser capas de ver el mundo desde su óptica).

“Los niños y los adolescentes de las culturas cazadoras-recolectoras jugaban “juegos libres” constantemente, convirtiéndose así en adultos extraordinariamente cooperativos e igualitarios”, señala Gray.

Por tanto el juego termina siendo un componente fundamental de la naturaleza humana en la edad adulta, al haber permitido que los alumnos se desarrollaran como seres intensamente sociales y colaboradores.

El juego a todos los niveles

En el transcurso de la investigación de Gray, se hizo cada vez más evidente que el juego y el humor se hallaban en el núcleo de las estructuras sociales de los cazadores-recolectores adultos.

Éstos usaban el humor, deliberadamente, para mantener las igualdades y evitar los conflictos, y sus modos de compartir presentaban cualidades similares a las de los juegos.

Sus creencias religiosas y sus ceremonias también eran festivas y estaban basadas en suposiciones acerca de sus propias deidades de igualdad, humor y voluntades antojadizas.

Asimismo, en las sociedades cazadoras-recolectoras, también se mantenían actitudes “juguetonas” en la caza, durante la recolección y durante otras actividades de subsistencia, en parte para permitir que cada persona eligiese cuándo, cómo y cuanto se ocuparía en dichas actividades.

Es decir, que el juego no sólo ayudaba a comprometerse en actividades comunes sino también a mantener en cierta medida la autonomía individual.

Según Kirk M. Endicott, un antropólogo experto en estas sociedades del Dartmouth College de Estados Unidos, “la perspectiva de Gray ayudaría a comprender porqué algunas sociedades pueden mantenerse en armonía y ser cooperativas, aunque al mismo tiempo fomenten la autonomía de los individuos”.



Jueves 16 Abril 2009

Yaiza Martínez

Vídeos de Divulgação Científica do Programa «Redes» (TVE2)

Publicado em Ciência às Março 28, 2009 por Fernando Cortes Leal

Eis os documentários vídeo de divulgação científica do programa “Redes”. Trata-se de um programa espanhol, conm episódios de 25 min. aprox. Apresentados por Eduard Punset, académico espanhol, que entrevista famosos cientistas especializados em diversas áreas da ciência.

Podem ser vistos on-line no endereço: http://www.smartplanet.es/redesblog/

Podem também ser descarregados aqui, em formato (.mov). Os vídeos pesam entre 250 e 450 MB.
Recuerden que para visualizarlos deben tener el QuickTime o algún buen códec de reemplazo, como el K-Lite (personalmente prefiero el segundo).

Redes 01: Manipular el cerebro
con Álvaro Pascual Leone, neurólogo
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 02: Violencia y vida urbana
con Teresa Caldeira, antropóloga urbana
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 03: Existe una moral innata
con Marc Hauser, psicobiólogo
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 04: La intuición no es irracional
con Gerd Gigerenzer, psicólogo
Ver en linea

Descargar video

Transcripción PDF

Redes 05: No hay uno sino varios universos
con Paul Steinhardt, físico y cosmólogo
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 06: Somos predeciblemente irracionales
con Dan Ariely, economista conductista
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 07: La batalla de los sexos
con Helena Cronin, experta en darwinismo
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 08: Diálogos sobre cáncer entre un pacientente y su oncólogo
con Rafael Rosell, médico oncólogo
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 09: Los siete pecados de la memoria
con Daniel Schacter, profesor de psicología en la Universidad de Harvard
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 10: El futuro: la fusión del alma y la tecnología
con Ray Kurzweil, tecnólogo, especialista en inteligencia artificial y futurólogo

[Ver en linea]

[Descargar video]

[Transcripción PDF]

Redes 11: Así aprendimos a contar
con Joe Dauben, historiador de la ciencia del City University de Nueva York
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 12: Aprender a cocinar nos hizo humanos
con Richard Wrangham, antropólogo de la Universidad de Harvard
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 13: Jugando con genes en el cuarto de estar
con el premio Nobel Hamilton Smith, director científico de biología sintética en el Craig Venter Institute
[Ver en linea] [Descargar video] [Transcripción PDF]

Redes 14: Libres y conscientes, pero infelices
con Pierre Magistretti, neurobiólogo de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 15: Aquí quién manda
con Mark van Vugt, psicólogo social evolucionista de la Universidad de Kent
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 16: ¿Bailamos?
con Lawrence Parsons, neurocientífico de la Universidad de Sheffield
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 17: Sigue el desafío de la esquizofrenia
con María Ron, neuropsiquiatra de la Universidad de Londres
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 18: Todo por la tribu
con Mark van Vugt, psicólogo social evolucionista de la Universidad de Kent
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 19: Innovar copiando a la naturaleza
con Janine Benyus, presidenta del Instituto de Biomimética
[Ver en linea]

Descargar video

[No hay transcripción]

Redes 20: Qué es el tiempo
con David Eagleman, neurocientífico de la University of Texas
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 21: Cómo empezó todo
con Luis Álvarez-Gaumé y John Ellis, físicos teóricos del CERN
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 22: Flipar en colores
con David Eagleman, neurocientífico de la University of Texas
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 23: Más allá del átomo
con John Ellis, físico del departamento teórico del LHC
[Ver en linea]

Descargar video

[Transcripción PDF]

Redes 24: Podemos leer la mente
con Richard Haier, neurocientífico de la Universidad de Nuevo México
[Ver en linea]

Descargar video

[No hay transcripción]

Redes 25: Fármacos para las emociones
con con Samuel Barondes, psiquiatra de la Universidad de California
[Ver en linea]

Descargar video

[No hay transcripción]

Redes 26: La monogamia no es natural
Con el matrimonio de Judith Eve Lipton, psiquiatra del Swedish Medical Center en Washington, y David Barash, psicólogo de la Universidad de Washington
[Ver en linea]

Descargar video

[No hay transcripción]

Categorias do Technorati , , ,

Hipóteses de um Multiverso

Publicado em Ciência, Sociedade às Março 26, 2009 por Fernando Cortes Leal

“Há muitas hipóteses que poderiam conduzir a universos múltiplos. Andrei Linde, Alex Vilenkin e outros realizaram simulações em computadores descrevendo a fase inflacionária «eterna», em que há muitos universos a emergir de big bangs separados em regiões disjuntas do espaço-tempo. Alan Guth e Lee Smolin sugeriram, a partir de diferentes pontos de vista, que seria possível que um novo universo surgisse no interior de um buraco negro, expandindo-se para um novo domínio de espaço-tempo que nos fosse inacessível. Lisa Randall e Raman Sundrum sugerem que poderiam existir outros universos, separados de nós, numa dimensão espacial extra. Estes universos disjuntos podem interagir graviticamente ou podem não ter qualquer efeito uns sobre os outros. Na analogia já muito gasta em que a superfície de um balão representa um universo bidimensional incrustado no nosso espaço tridimensional, estes outros universos seriam representados pelas superfícies de outros balões: quaisquer bicharocos confinados a um desses balões e sem qualquer concepção de uma terceira dimensão desconheceriam completamente os seus pares que andassem por outro balão. Os outros universos seriam domínios separados do espaço e do tempo. Não faria sequer sentido afirmar que tinham surgido antes, depois ou ao mesmo tempo que nós, uma vez que tais conceitos só podem ser usados no interior de uma única medida de tempo, um único tiquetaque para todos os universos.
Guth e Edward Harrison supuseram mesmo que fosse possível criar universos em laboratório, fazendo implodir um pedaço de matéria de forma a dar origem a um pequeno buraco negro. Será o nosso universo no seu conjunto o resultado de uma experiência desse tipo levada a cabo noutro universo? Smolin imagina que o universo filho poderia ser governando por leis que trouxessem a marca das leis dominantes no universo pai. Se assim for, os argumentos teológicos de desígnio poderiam ser ressuscitadas sob uma nova aparência, confundindo ainda mais as fronteiras entre fenómenos naturais e sobrenaturais.
Os universos paralelos também têm sido invocados como solução de alguns dos paradoxos da mecânica quântica, na teoria dos «muitos mundos», defendida pela primeira vez por Hugh Everitt e John Wheeler nos anos 50. Esta concepção foi antecipada por Olaf Stapledon numa das criações mais sofisticadas do seu Star Maker: «sempre que uma criatura de debatia entre diferentes cursos de acção possíveis, escolhia-os a todos, criando assim […] distintas histórias do cosmos. Já que cada sequência evolutiva do cosmos havia muitas criaturas e cada uma delas de debatia constantemente com diferentes cursos de acção possíveis, e os resultados da combinação de todos esses cursos possíveis eram inúmeros, uma infinidade de diferentes universos exfoliava-se de cada momento de uma sequência temporal.»
Nenhuma destas possibilidades foi simplesmente inventada a partir do ar: cada uma delas tem por trás uma motivação teórica, apesar de especulativa. No entanto, uma delas, no máximo, pode ser correcta. Possivelmente nenhuma o será: há teorias alternativas que fariam prever a existência de um único universo.
(…)
Talvez no século XXI os físicos venham a formular a teoria que possa ser extrapolada até ao tempo de Planck e conquiste a nossa confiança por explicar fenómenos até agora inexplicados, apesar de acessíveis à experiência. Se uma teoria desse tipo previsse muitos big bangs, teríamos tanta razão para acreditar em universos separados como temos actualmente para acreditar em universos separados como temos actualmente para acreditar em afirmações sobre buracos negros ou sobre a formulação do hélio durante os primeiros minutos depois do big bang. Um dia poderemos por isso vir a ter fundamento para acreditar na existência ou inexistência de outros universos.
(…)
Bastava que houvesse algo de coerente na actual fórmula para que qualquer big bang desencadeasse um universo que fosse apenas uma repetição do nosso. Há no entanto uma possibilidade muito mais interessante (que é sem dúvida sustentável no nosso actual estado de ignorância das leis subjacentes): que as leis subjacentes ao Multiverso total podem admitir a variedade entre os universos. Aquilo a que chamamos leis da natureza governa todo o domínio que podemos observar, mas, nesta perspectiva mais alargada, pode não passar de um conjunto de regulamentos locais, coerentes com alguma teoria mais abrangente que governe o conjunto, que não é unicamente fixado por essa teoria.”

Fonte: O nosso Habitat Cósmico de Martin Rees

EVENTOS ANTERIORES AO BIG BANG CONTINUAM UM MISTÉRIO

Publicado em Ciência, Sociedade, Tecnologia às Março 26, 2009 por Fernando Cortes Leal

O que fazia Deus antes da criação do mundo? O filósofo e escritor ( e, mais tarde, santo) Agostinho levantou essa questão nas suas “Confissões”, no século quatro, e encontrou uma resposta surpreendentemente moderna: antes de Deus ter criado o mundo não havia tempo e, portanto, nenhum “antes”. Parafraseando Gertrude Stein, não havia “então”.

Até recentemente ninguém seria capaz de, ao assistir a uma palestra sobre astronomia, formular a versão moderna da questão de Agostinho – o que aconteceu antes do Big Bang? -, sem receber a mesma resposta frustrante, uma cortesia da teoria da relatividade geral de Albert Einstein, que descreve como a matéria e a energia distorcem o espaço e o tempo.

Se imaginarmos que o universo está encolhendo de volta no tempo, como se fosse um filme rodado ao contrário, a densidade da matéria e da energia aumentaria até o infinito conforme nos aproximássemos do momento da sua origem. Os computadores soltariam fumaça e o espaço e o tempo se dissolveriam em uma “espuma quântica”. “Os nossos relógios e réguas se quebrariam”, explica Andrei Linde, cosmologista da Universidade de Stanford. “Perguntar o que havia antes desse momento seria uma contradição”.

Mais tarde, porém, encorajado pelo progresso feito em novas teorias que procuram unificar o reino altaneiro de Einstein com as imprevisíveis leis quânticas que governam a física subatômica – a chamada gravidade quântica – Linde e os seus colegas começaram a refinar as suas especulações, chegando cada vez mais perto do momento da criação e, em certos casos, indo além dele.

Alguns teóricos sugerem que o Big Bang não foi exatamente um nascimento, mas sim uma transição, um “salto quântico” a partir de uma era informe de tempo imaginário. Ou mesmo que esse salto se deu a partir do nada. Outros cientistas estão investigando modelos nos quais a história cósmica começa a partir de uma colisão com um universo de outra dimensão.
Leia mais »

Un extraño ruido detectado por el GEO 600 podría probar que vivimos en un holograma

Publicado em Uncategorized às Fevereiro 21, 2009 por Fernando Cortes Leal

El detector de Hanóver quizá se haya topado con el límite fundamental del espacio-tiempo

En 2006, Tendencias21 publicaba un artículo en el que se aunciaba la puesta en marcha del GEO 600 de Hanóver, en Alemania, un detector de ondas gravitacionales
que se creía podía revolucionar la astronomía. La misión del GEO 600
consistía en detectar de manera directa lo que nunca antes había sido
detectado: las elusivas ondas gravitacionales, que son ondulaciones del
espacio-tiempo producidas por un cuerpo masivo acelerado –como un
agujero negro o una estrella de neutrones- y que se transmiten a la
velocidad de la luz. Estas ondas gravitacionales fueron predichas por
la Teoría de la Relatividad de Einstein, pero en realidad sólo se han podido recoger evidencias indirectas de ellas.

Tampoco el GEO600, en sus años de funcionamiento, ha conseguido
detectar de forma directa las ondas gravitacionales pero, según publicó
recientemente la revista Newscientist quizá, casualmente, se haya topado con el más importante descubrimiento de la física en los últimos 50 años.

Gigantesco holograma cósmico

Un extraño ruido detectado por el GEO600 trajo de cabeza a los
investigadores que trabajan en él, hasta que un físico llamado Craig
Hogan, director del Fermi National Accelerator Laboratory (Fermilab),
de Estados Unidos, afirmó que el GEO600 se había tropezado con el
límite fundamental del espacio-tiempo, es decir, el punto en el que el
espacio-tiempo deja de comportarse como el suave continuo descrito por
Einstein para disolverse en “granos” (más o menos de la misma forma que
una imagen fotográfica puede verse granulada cuanto más de cerca la
observamos).

Según Hogan, “parece como si el GEO600
hubiese sido golpeado por las microscópicas convulsiones cuánticas del
espacio-tiempo”. El físico afirma que si esto es cierto, entonces se
habría encontrado la evidencia necesaria para afirmar que vivimos en un
gigantesco holograma cósmico.

La teoría de que vivimos en un
holograma se deriva de la comprensión de la naturaleza de los agujeros
negros y, aunque pueda parecer una teoría absurda, tiene una base
teórica bastante firme.

Los hologramas de las tarjetas de
crédito y billetes están impresos en películas de plástico
bidimensionales. Cuando la luz rebota en ellos, recrea la apariencia de
una imagen tridimensional. En la década de 1990, el físico Leonard Susskind y el premio Nobel Gerard ‘t Hooft sugirieron que el mismo principio podría aplicarse a todo el universo.

Unidades de información

Según esta teoría, nuestra experiencia cotidiana podría ser una
proyección holográfica de procesos físicos que tienen lugar en una
lejana superficie bidimensional. Desde hace algún tiempo, los físicos
han mantenido que los efectos cuánticos podrían provocar que el
continuo espacio-tiempo convulsionara descontroladamente a escalas muy
pequeñas. A estas escalas, la red espacio-temporal podría granularse, y
estar compuesta de diminutas unidades (similares a los píxeles) de un
tamaño de aproximadamente cien trillones de veces el tamaño del protón.

Si el ruido captado por el GEO600 ha
registrado estas hipotéticas convulsiones, según Hogan, la descripción
del espacio-tiempo cambiaría radicalmente. Eso supondría considerar el
espacio-tiempo como un holograma granulado, y describirlo como una
esfera cuya superficie exterior estaría cubierta por unidades del
tamaño de la longitud de Planck (distancia o escala de longitud por
debajo de la cual se espera que el espacio deje de tener una geometría
clásica).

Cada una de estas “piezas” del mosaico
universal sería, asimismo, una unidad de información. Y, según el
principio holográfico, la cantidad total de información que cubre el
exterior de dicha esfera habría de coincidir con el número de unidades
de información contenidas en el volumen del universo.

Detección posible o error de fondo

Teniendo en cuenta que el volumen del universo esférico sería mucho
mayor que el volumen de la superficie exterior, este galimatías se
complica aún más. Pero Hogan también señala una solución para este
punto: si ha de haber el mismo número de unidades de información o bits
dentro del universo que en sus bordes, los bits interiores han de ser
mayores que la longitud de Planck. “Dicho de otra forma, el universo
holográfico sería borroso”, explica el físico.


La longitud de Planck ha resultado demasiado pequeña para ser detectada
hasta la fecha, pero Hogan afirma que el GEO600 ha podido registrarla
porque la “proyección” holográfica de la granulosidad podría ser mucho
mayor, de alrededor de entre 10 y 16 metros.

Lo que ha detectado el GEO600, en
definitiva, podría ser la borrosidad holográfica del espacio-tiempo,
desde el interior de este universo holográfico. Cierto es que aún está
por demostrar que el extraño ruido captado, de frecuencias entre los
300 y 1.500 hertzios, no proceda de cualquier otra fuente, reconoce
Hogan.

Esta posibilidad también ha de
considerarse, dada la sensibilidad del detector para captar desde el
ruido del paso de las nubes hasta el de los movimientos sísmicos
terrestres. De hecho, los investigadores del detector se afanan
continuamente en “borrar” ruidos de fondo detectados por el GEO600,
para poder definir lo importante.

Nuevas pruebas

De cualquier manera, si el GEO600 hubiera descubierto el ruido
holográfico procedente de las convulsiones cuánticas del
espacio-tiempo, entonces ese ruido obstaculizaría los de detectar las
ondas gravitacionales. Sin embargo, por otro lado, el hallazgo podría
suponer un descubrimiento incluso más fundamental, sin precedentes en
la historia de la física.

Según publicó
recientemente la web del GEO600, para probar la teoría del ruido
holográfico, la sensibilidad máxima del detector ha sido modificada
hacia frecuencias incluso más altas.

Los científicos consideran que el
GEO600 es el único experimento del mundo capaz de probar esta
controvertida teoría, al menos en la actualidad.

La física de la materia ordinaria produce la conciencia

Publicado em Uncategorized às Fevereiro 9, 2009 por Fernando Cortes Leal


Observación directa de la condensación Bose-Einstein. MIT.La historia moderna de la física de partículas comienza a finales del
siglo XIX cuando grandes físicos comienzan a romper la materia en
pequeños laboratorios. Es la época del descubrimiento del electrón en
Cambridge mientras J. J. Thomson trabajaba con rayos catódicos. La baja
energía de estos rayos fueron suficiente para arrancar electrones de la
prisión atómica. Desde que Dalton propusiera su teoría atómica para
explicar las propiedades físico-químicas de los gases a comienzos del
XVIII, el concepto de materia formada por entidades fundamentales
indivisibles era bien parecido a la clásica idea de Demócrito en el
siglo V a.C. Durante dos largos milenios la humanidad confió en una
interpretación reduccionista y corpuscular de la materia. Con los
trabajos de Thomson se abrió la veda a una sucesión de experimentos que
refutaron la indivisibilidad del átomo. La historia empezó a cambiar.

La era nuclear de la primera mitad del siglo XX

El descubrimiento de la radiactividad sirvió de nueva fuente energética
para bombardear la estructura atómica con partículas radiactivas de
energía un millón de veces superior a la de los rayos catódicos. Esta
energía fue suficiente para que Rutherford y Chadwick identificaran al
protón y al neutrón en la prodigiosa década de los veinte. En el primer
tercio del siglo XX el hombre alcanzó la frontera nuclear y descubrió
que el átomo es un denso núcleo de protones y neutrones, protegido por
una pantalla de electrones. Siendo el electrón la primera partícula
atómica descubierta resulta comprensible por qué fue la electrodinámica
la pionera teoría cuántica de campos. La segunda era de la física de
partículas se propuso el reto de penetrar la esfera nuclear. Pero,
¿cómo conseguir la energía?

La mirada se puso en el cielo. Con
frecuencia la Tierra es bombardeada por rayos cósmicos procedentes del
espacio exterior. La energía media de estos rayos es suficiente para
romper el núcleo atómico y poder observar su interior. Sin embargo, es
imposible predecir el lugar y el momento exactos donde caerá un rayo
cósmico. Fue en los años sesenta cuando la tecnología de los
aceleradores de partículas consiguió controlar energías de alcance
nuclear. El resultado fue el descubrimiento de dos nuevas interacciones
físicas de mayor y menor intensidad que la electromagnética: la nuclear
fuerte y la nuclear débil.

Bajo estas condiciones energéticas
impuestas por los experimentadores el protón sufre una resonancia
inexplicable para una partícula fundamental. Se descubrió que el protón
no era una partícula elemental como a Demócrito le hubiese gustado.
Cada protón está constituido por tres quarks ligados por interacción
fuerte residual. Entre 1977 y 1996 se ha confirmado experimentalmente
la existencia de seis tipos de quarks que, además de carga eléctrica,
tienen carga electrodébil, de sabor y de color. El primero y último de
ellos, los quarks b y t, se descubrieron en el Fermilab de Chicago.

Los aceleradores de partículas rompen la barrera nuclear

Con energías aún mayores, en las profundidades subnucleares las
partículas experimentan la interacción débil. De menor alcance e
íntimamente relacionada con la electromagnética, la interacción débil
causa las desintegraciones nucleares más fácilmente detectables, las
desintegraciones beta de protones y neutrones. Fue Fermi quien dio
nombre a una nueva partícula resultante de estas interacciones: el
neutrino. Los neutrinos son exóticas partículas de masa despreciable,
predichas por Pauli en los años treinta y descubiertas en 1956 por los
nobel en física, Clyde Cowan y Frederick Reines.

El carácter fundamental de las
partículas es un concepto histórico que depende de la energía máxima de
los aceleradores del momento. A energías próximas a la de los modernos
aceleradores, toda la materia ordinaria o fermiónica se compone de tres
tipos de partículas: electrones, neutrinos y quarks. A diferencia de
electrones y neutrinos, los quarks nunca se dejan ver solos, sino
formando dúos o tríos. El protón es el producto resultante de la
interacción de un quark d y dos u, densamente confinados por
interacción fuerte. Los tres quarks del protón apenas suponen una
millonésima parte del volumen del protón. El volumen efectivo del
protón está lleno de un campo de energía de confinamiento.

Partículas mediadoras que producen campos físicos

El campo de energía mediador entre fermiones tiene una naturaleza
física distinta bien descrita por un nuevo tipo de partícula denominado
bosón. Todas las partículas interaccionan gravitatoria y débilmente,
pero sólo los quarks experimentan la interacción fuerte. Las partículas
fundamentales fermiónicas se ligan unas con otras a través del
intercambio de otras partículas denominadas bosones mediadores. Cada
tipo de estos bosones produce una de las cuatro interacciones
fundamentales. Las partículas interaccionan al tener al menos una carga
física susceptible a la presencia de algún mediador. Así, dos
electrones interaccionan electromagnéticamente por sus cargas
eléctricas cuando un fotón hace de mediador entre ellos. Del mismo modo
los gluones son bosones con carga electrodébil y de color que aglutinan
los quarks de los protones. A energía de un trillón de electronvoltios
es posible alcanzar los escondrijos del núcleo atómico hasta sentir la
presencia de las interacciones fuerte y débil que experimental los
quarks en el núcleo profundo.

El alcance de las cuatro interacciones
fundamentales depende de la masa de sus respectivos bosones. De acuerdo
con el Principio de Heisenberg, cuanto mayor sea su energía en reposo,
menor es el tiempo de vida media y, por tanto, pueden recorrer
distancias menores, reduciéndose su alcance. Las interacciones de
alcance ilimitado son la electromagnética y gravitatoria, mediadas
respectivamente por el fotón y el hipotético gravitón, que carecen de
masa. Los bosones débiles son realmente masivos. Por ello, la
interacción débil queda limitada al interior del núcleo. Los mediadores
sólo pueden conectar partículas a distancias típicas de la escala
subnuclear. De igual manera, los gluones sólo hacen interaccionar a
quarks que comparten el mismo recinto nuclear. A diferencia de los
bosones débiles, los gluones carecen de masa, pero debido a
interacciones entre ellos se forma una masa efectiva equivalente no
nula que limita el alcance de la interacción. Podemos decir que el
gluón desnudo de masa nula es revestido con una energía de interacción
que lo dota de masa y, en consecuencia, la interacción fuerte se hace
de corto alcance.

Un zoológico de partículas elementales

El espectro de partículas es amplísimo. Por cada partícula elemental
existe una compañera con cargas físicas opuestas. Son las partículas de
antimateria que, al interaccionar con la materia ordinaria, se
transforman en radiación electromagnética. Los bosones mediadores
coinciden con su antipartícula salvo el bosón débil y fuerte. Al resto
de las partículas fundamentales le corresponde una antipartícula
distinta. Por ejemplo, el positrón es una partícula de antimateria con
la misma masa y espín que el electrón, pero con carga eléctrica
positiva. Igualmente existen antiquarks, con cargas eléctricas, de
isoespín y color opuestas a la de los quarks: el compañero de
antimateria de un quark con carga de color roja es un antiquark
antirrojo. Un quark y su antiquark de color opuesto pueden formar
estados ligados y originar mesones, sin carga de color: los piones,
kaones, los mesones …

Un caso importante fue gypsy, un
sistema quark-antiquark, cuyo estudio supuso importantes avances en
cromodinámica cuántica. El último tipo de partículas elementales, los
neutrinos también tiene su respectiva compañera de antimateria, aunque
aún no está clara su verdadera naturaleza. Al ser una partícula neutra,
el opuesto de su cargas coincide con el original y, por tanto, parece
ser que neutrino y antineutrino coinciden (neutrinos de Majorana). De
tener algún número cuántico que los diferenciara serían neutrinos de
Dirac. El debate sigue su curso y tendrá importantes consecuencias en
las nuevas teorías generalizadas de partículas.

Existen partículas que permanecen
estables durante un brevísimo periodo de tiempo hasta desintegrarse por
interacción fuerte en partículas más estables como protones, neutrones
y piones. Son las partículas delta y sigma, que son resonancias
bariónicas de mayor energía que las fundamentales. Es posible, incluso,
que existan un número ilimitado de estas resonancias con mayor masa y
espín. A energías mucho más elevadas que la de los modernos
aceleradores no sería posible otorgar el calificativo de fundamental a
los electrones, neutrinos y quarks frente a las resonancias. Por tanto,
el atributo elemental de las partículas depende de la energía del
entorno en cuestión.

El modelo estándar de partículas en el siglo XX

El conocimiento físico de la materia está recogido canónicamente en el
denominado modelo estándar de las partículas elementales, a excepción
del gravitón. La interacción gravitatoria no puede aún explicarse
físicamente en el mismo marco que las otras tres. Esta limitación del
modelo estándar exige y justifica una especulación físico-metafísica
que trasciende la frontera científica (véase Penrose sienta las bases de una biofísica cuántica de la mente
en Tendencias 21, 23 Febrero 2007) . La teoría cuántica de campos es la
construcción científica más importante. Su potencia de predicción y su
capacidad para desentrañar la realidad física microscópica están
rigurosamente confirmadas por los resultados experimentales. Cualquier
análisis de la materia requiere, por su potencial y precisión, partir
de sus presupuestos teóricos. El modelo estándar es la teoría cuántica
de campos de las partículas fundamentales. La teoría de campos unifica
la teoría cuántica con la Relatividad especial de Einstein, el
Principio de Heisenberg y el Principio de Causalidad. La teoría
cuántica de campos explica el amplio espectro de partículas a partir de
las doce partículas fundamentales y tres bosones mediadores.

La elementalidad de las partículas
fundamentales depende de la energía. No es algo absoluto. A altísimas
energías, la física de partículas no puede distinguir los elementos
básicos de la materia. Todo es un energético dinamismo que hace emerger
multitud de partículas denominadas resonancias. Incluso, en situaciones
de menor energía, cuando las interacciones físicas determinan las
partículas fundamentales por su mayor estabilidad, podemos seguir
hablando de la naturaleza emergente de la materia desde un soporte
básico primario. El protón no es la mera suma de tres quarks, pues su
individualidad carece de sentido. Es, más bien, el todo surgido de una
sinergia física que, a su vez, dota al protón de una cierta
individualidad y propiedades físicas bien definidas. En su dinámica
desde un soporte energético fundamental, la materia emergente
evoluciona hacia estados de mayor definición física como consecuencia
de sus interacciones cuánticas básicas. Se va adquiriendo una mayor
individualidad sin anular definitivamente el potencial emergente de su
verdadera ontología.

La emergencia de la materia en un fondo dinámico de energía

El camino recorrido hacia la esencia ontológica de la materia conduce
hasta un fondo energético pseudo-espaciotemporal dominado por el
Principio de Incertidumbre. Al hablar de fondo de energía nos referimos
al mar de energía planckiano de elevadísimas energías. No es una
energía independiente, sino un campo de energía ligado con la materia
fenoménica, tanto corpuscular como campal.

Esta energética actividad física
recuerda a los fenómenos de fluctuaciones del vacío cuántico. Es
precisamente esta física del vacío cuántico el límite fronterizo usado
por David Bohm (véase La biofísica cuántica de la conciencia, explicada desde la teoría cuántica de David Bohm
en Tendencias 21, 19 Marzo 2007) para distinguir entre su física y
metafísica. El análisis físico de la materia desemboca finalmente en el
estudio de las fluctuaciones de la energía de fondo. Las propiedades
físicas de la materia son el producto resultante de las interacciones
de esta energía. Cualquier partícula fundamental no es una entidad
individual independiente de este fondo de energía. No es tanto una
individualidad cuanto el producto de una necesaria coexistencia. Por
ello, los físicos de partículas niegan que la masa de una partícula
libre sea un observable. Carece de sentido físico porque cualquier
partícula está siempre en interacción. Por tanto, al referirse a la
masa de una partícula se entiende la masa efectiva que resulta bajo la
acción del entorno energético. Las partículas son concentraciones
locales del fondo de energía revestidas de fluctuaciones. Dejan de
asemejarse a las inmutables esferas de Parménides-Demócrito y se
comprenden hoy como campos localizados de energía.

Las propiedades físicas están, pues,
íntimamente ligadas con el entorno. La física de partículas no concibe
partículas desnudas independientes como si tratara de pequeños
corpúsculos indivisibles. Las partículas, cuya naturaleza física
fundamental es siempre relativa, son objetos materiales revestidos o
apantallados por la actividad del vacío. En síntesis, podemos concluir
que cada partícula es más un todo a través de su ligazón a una
ontología capaz de hacer emerger materia, que un mero constituyente. La
materia es en sí misma más interacción que individualidad, aunque la
materia pueda gozar de una relativa independencia a través de
estructuras más complejas surgidas en este orden físico holístico.

Comportamiento cuántico coherente de la materia

El desarrollo tecnológico va corroborando las ideas físicas sobre la
materia. Sistemas artificiales, en las condiciones físicas adecuadas,
presentan un comportamiento cuántico inexplicable desde el conjunto de
leyes clásicas. El estudio de estos sistemas cuántico-tecnológicos pone
de manifiesto las propiedades físicas coherentes de la naturaleza
cuántica subyacente. La materia se estructura de tal forma que los
resultados macroscópicos se agrupan en estados discretos. Todo el vasto
conjunto de electrones se agrupa de tal forma, que el material sólo
adquiere valores bien definidos a partir de la constante de Planck. El
efecto Josephson muestra cómo es posible mantener la coherencia
cuántica de un sistema incluso cuando es escindido en dos por una
barrera de potencial. Este efecto resulta especialmente importante por
su sensibilidad de adaptación a la radiación electromagnética del
medio.

La materia presenta unas propiedades
físicas especiales cuando su dinámica está regida por fluctuaciones del
fondo de energía. Un sistema físico guiado por esta dinámica desde un
estado crítico puede producir estados de macrocoherencia cuántica en
condiciones ambientales extremadamente adversas. Es de notar la
relevancia de estas transiciones en sistemas unidimensionales y sus
repercusiones en el carácter emergente de la naturaleza campal de la
materia.

Fenómenos cuánticos macroscópicos de coherencia cuántica

Los condensados Bose-Einstein son el quinto estado físico de la materia
donde se alcanzan niveles elevados de coherencia cuántica y la materia
presenta un comportamiento más campal. Resultan especialmente
importante los resultados obtenidos en condensados generados a partir
de redes ópticas. La interacción de los bosones con la radiación
electromagnética permite la existencia de oscilaciones de coherencia
cuántica. Los condensados ópticos sufren transiciones reversibles
BEC-Mott entre estados coherentes y no coherentes, de tal manera que el
sistema oscila entre estados de naturaleza campal y corpuscular. Se
hace, pues, manifiesto el doble comportamiento complementario de una
misma unidad material, regulada últimamente por el fondo de energías.

Junto a los condensados Bose-Einstein
los fenómenos de superconductividad y superfluidez son dos ejemplos
paradigmáticos de experimentos que muestran la unidad física coherente
de la materia bajo ciertas condiciones técnicas. En ambos casos, la
materia presenta una coherencia cuántica para un número macroscópico de
partículas clásicas, que dotan al sistema cuántico de una integridad
intrínseca con relativa autonomía frente al medio. Más allá de las
condiciones físicas ideales para mantener estos agregados cuánticos
macroscópicos, en una fase de transición cuántico-clásica, los sistemas
coherentes reaccionan positivamente a las perturbaciones externas,
generando estructuras físicas (vórtices) que logran mantener la unidad
coherente macroscópica. La materia deja de seguir patrones de
interacciones corpusculares y se comporta como un todo unitario donde
no es posible diferenciar componentes elementales. Nos referimos a los
estados macroscópicos de coherencia cuántica.

La naturaleza campal de la materia

El carácter emergentista de los fenómenos físicos apoya una naturaleza
ontológica dinámica de la materia que conforma el universo. Los
fenómenos macroscópicos de coherencia cuántica revelan a nivel
experimental las propiedades fundamentales de la materia como sustrato
ontológico capaz de dirimir la relativa individualidad de sus
componentes para enlazar coherentemente nuevas realidades campales con
un dinamismo unitario. La dimensión campal holista de la materia
permite conexiones que conforman un entramado cuánticamente
interconectado capaz de realizar instantáneamente complicados procesos.
Estos fenómenos cuánticos, junto a la incesante actividad física del
fondo de energía nos presentan una naturaleza física de la materia con
propiedades emergentes.

Supuesta esta ontología física
emergente, resulta natural explicar el origen y evolución del universo
como un producto de este substrato metafísico que se hace explícito a
través de procesos cuánticos consolidados en el régimen clásico de la
experiencia. Las estructuras físicas, los seres vivos, el psiquismo
animal y la conciencia son productos que últimamente emergen de esta
ontología dinámica. La incesante actividad de esta realidad subyacente
dinamiza todo el proceso evolutivo del cosmos, generando estructuras
clásicas más complejas y estables, capaces de resonar las propiedades
cuánticas de su naturaleza material, tal y como los fenómenos cuánticos
macroscópicos mantienen sus propiedades cuánticas a nivel de
experimentación.

Materia y conciencia

Análogamente, las propiedades psíquicas de los animales superiores o la
formación de sofisticados estados conscientes en el hombre son
productos resultantes de la evolución cósmica de estructuras
materiales. Las estructuras psíquicas son resonadores más finos capaces
de explicitar las propiedades psíquicas de la ontología material. No
sólo canalizan la actividad física de la materia, como durante miles de
millones de años hizo el universo físico, sino que activan la dimensión
psíquica de la materia. En este sentido, la actual neurología propone
una coordinación entre las regiones del cerebro más primitivo (físico)
y del moderno neocórtex, más susceptible al comportamiento psíquico.

Una explicación científica, coherente
con el esquema evolutivo del cosmos, debe centrarse en el paradigma
emergentista para poder explicar todas las propiedades psíquicas de los
animales superiores, irreducibles a meras conexiones de corte
mecano-clásico. Así, sobre aún leves pero prometedores resultados
neurológicos experimentales, la neurología cuántica tantea la
posibilidad de comprender cuánticamente el cerebro, en la línea
vanguardista de los modelos de Bohm y Penrose. La física de
microtúbulos y las sinapsis cuánticas (uniones gap) ofrecen nuevas
posibilidades para entender el enigma de la conciencia.

Manuel Béjar es miembro de la Cátedra CTR